Un Atlético colosal pulveriza al Betis y se lleva en forma de manita el primer plebiscito de la temporada

Sin Julián Álvarez en el once, apostando por Griezmann y por el debut de Ademola Lookman. Así de arriesgado y valiente salía Diego Pablo Simeone al verde de La Cartuja —y así le terminaría recompensando el Dios del fútbol con posterioridad— para tratar de volver a colarse en unas semifinales de la Copa del Rey en medio de un partido que olía más a plebiscito sobre la temporada roja y blanca que simplemente a unos cuartos de final al uso. Y el plebiscito se ganó, con claridad, autoridad y con un fútbol que Aunque el partido empezó bronco, con el Atlético de Madrid bastante desorientado, desconcertado y rápidamente a merced del Real Betis. Tanto así que el primer susto sobre la portería que defendía Juan Musso llegó en el minuto seis de encuentro, cuando una arrancada de Abde, que hizo un control orientado con el hombro, desembocó en un tiro con rosca que salió lamiendo el segundo palo y estuvo a punto de convertirse en un tanto de postal.

El Atlético, que se rehizo con celeridad, tuvo la suya casi al instante a través de una conducción larga de Baena, que filtró con agresividad hacia Griezmann, aunque repelió sin dudarlo la defensa verdiblanca. Pero tuvo que llegar Hancko, el mejor de la defensa junto con Marc Pubill, para peinar el esférico de forma imperial, sin oposición posible, y empezar a decantar la balanza de la eliminatoria en el córner consecutivo.

Y entonces los del Cholo, que salieron con otra cara distinta a la que llevaban enseñando en los últimos partidos, quizá por la presencia de un Griezmann que estuvo más pendiente de las labores sin balón y de guiar a sus compañeros en ataque, se toparon con dos noticias sin duda inmejorables. La primera, que Baena, algo desaparecido desde el principio de la temporada por sus lesiones y falta de aclimatación al sistema cholista, hoy un poco más escorado hacia el centro y conectando con Pablo Barrios, demostró la calidad de que es capaz y empezó a asemejarse más a esa versión suya del Villarreal y que tanto se echaba en falta desde su llegada al Atlético de Madrid. La segunda, que Lookman, más que un recién llegado, empezó a ser una exhalación, un revulsivo anímico y psicológico y esa pieza clave que empezó a reestructurar enteramente el sistema de Simeone.

Primero llegó con un jugadón soberbio por su parte que desembocó en una preasistencia a Ruggeri, que dejó un preciso pase de la muerte que Giuliano, entrando por banda diestra, no dudó en aprovechar para anotar el segundo. Después lo hizo anotando su prematuro primer gol como rojiblanco, en una jugada que comenzó con un taconazo de Griezmann, que condujo Pablo Barrios desde campo propio hasta las inmediaciones del área y que Lookman remachó con tres recortes cinematográficos, finalizando con un latigazo que terminó penetrando en la red de San Miguel. 0-3 al final del primer tiempo y juego colosal por parte de un Atlético de Madrid que quizá renacido de sus propias cenizas a causa del llamado ‘efecto fichajes’ desplegó sobre el verde sevillano los mejores 45 primeros minutos de la temporada.

La peor de las noticias llegó al comenzar la segunda mitad, con la retirada del campo de un Pablo Barrios que salió dolorido, quizá acusando el sobreesfuerzo que tuvo que hacer para estar presente en el once de gala de la eliminatoria copera. En su lugar salió Giménez, que amaneció poco enchufado y algo errático en mitad de un Atlético que salió con una marcha menos de intensidad al verde. Aunque eso no imposibilitó, ni de lejos, que Ademola Lookman siguiera reafirmándose, y nada más llegar, como futbolista capital e indispensable en el nuevo esquema de Diego Pablo Simeone. 

Tan bien pintó el partido para el lado visitante, tan bien salió absolutamente todo lo que podía llegar a salir bien, que Simeone abogó por dar minutos a Rodrigo Mendoza, que salió imperial, muy seguro de sí mismo, con mucha calidad y capacidad para conducir, recuperar balones, triangular y aguantar la posesión en fases ofensivas de larga duración; y luego a Obed Vargas, que sustituyó a un Lookman que obtuvo descanso tempranero ante la exhibición total que desplegó en Sevilla, una por la que fue aplaudido incluso por la afición local y aprobada desde la distancia cómplice por la sonrisa pícara y socarrona de un Mateu Alemany que, junto con Mayo Pardo, se apuntaba el tanto del fichaje exprés del nigeriano que ha terminado por desencadenar un absoluto tsunami de bienestar en la atmósfera rojiblanca.

El quinto lo puso Almada tras una conducción en la que el argentino, haciendo gala de su calidad de sobra conocida, colocó un pase al hueco que Griezmann remató, y haciéndose con celeridad, inteligencia y buena lectura de los espacios con el esférico envió con cierto desparpajo y chulería el balón al fondo de las mallas para poner el quinto gol y la manita en el electrónico, en un encuentro del que, si bien no es posible extraer conclusiones tempraneras y apresuradas, sí puede llegar a suponer un punto y aparte mediante el cual el Atlético de Madrid entre de una buena vez en dinámica positiva y renazca de sus propias cenizas cual ave fénix, con Lookman, Vargas y Mendoza obrando a modo de fuego purificador.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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