El Atlético acribilla al Barcelona para rozar la final de la Copa del Rey

Comenzaba la ida de las semifinales de la Copa del Rey entre Fútbol Club Barcelona y Atlético de Madrid con un Lamine Yamal que trataba de abrirse paso en solitario, y con los once de Simeone ejerciendo una sorpresiva y asfixiante presión en bloque que retrasó varios metros a un Barça que se vio obligado a replegarse y a adoptar posiciones defensivas. Pero nada de lo táctico sirvió para absolutamente nada, pues a veces el fútbol tiene sus propios guiones y decide escribir su propia historia tal como le plazca: Eric García, que no acompasó bien el ritmo en la cesión a su guardameta, terminó anotando un autogol para jolgorio de las gradas del Metropolitano, que empezaba el partido viéndose por primera vez, aunque de forma demasiado tempranera, con un pie dentro de la final de la Copa del Rey.

El Barcelona, que se sumergió en su propia negatividad autoinducida, entró rápidamente en fase de encefalograma plano, donde las ideas parecían no germinar en la chistera de Flick y el Atlético iba poco a poco ganando la partida de ajedrez. Hasta que apareció Ademola Lookman para desestabilizar por completo cualquier balanza de la lógica. Cabalgó por la banda zurda con la defensa culé completamente congelada y deshecha, contemporizó la contra como solo los cracks tocados por una varita saben hacer y cambió de orientación para la llegada de Nahuel Molina, hoy titular, que cedió rápidamente para un Griezmann que entró, afilado como el filo de un sable medieval, para poner el 2-0 en el marcador y aumentar la ventaja sobre los visitantes.

Y entonces el Atlético de Madrid no aflojó la soga que había colocado con saña sobre el cuello blaugrana: presión, robos, posesión, autoridad, intensidad física, mental y futbolística que siguió neutralizando y ahogando a los de la Ciudad Condal, hasta que, de nuevo en otro contraataque, la vertiginosidad de los locales volvió a dar otro golpe de efecto al tablero en una jugada que en esta ocasión comenzó por la banda diestra, a causa directa de la insistencia de Molina y Giuliano Simeone, y finalizó en las botas de un Lookman celestial que no dudó en empalar con fuerza y frialdad para aumentar aún más la temperatura y el nivel de decibelios (y de la escala Richter) en el infierno de Madrid.

Y para colocar la puntilla a una colosal primera parte, a un primer tiempo de auténtico escándalo, renació el ave (o el arácnido) fénix. Julián Álvarez volvió a la carga y acabó de forma abrupta con su sequía goleadora con un golpeo magistral e intratable desde fuera del área cuyo efecto lo terminó por convertir en imparable para un Joan García que pasó una de sus peores noches defendiendo los tres palos del Barcelona.

La segunda mitad comenzó con un Barcelona parcialmente resurgido, recayendo más sobre la banda de un Lamine Yamal más participativo y agresivo, que empezó a generar algo más de sensación de peligro después de una primera parte de práctica ausencia. Tanto fue así que el primer gol del Barcelona no tardaría en llegar, tras una jugada a balón parado en la que Cubarsí metió la bota entre una jungla de piernas propias y rivales para sortear con caño a Marcos Llorente y batir a un Musso que quedó vencido demasiado rápido. Sin embargo, una eterna y criogénica revisión del videoarbitraje por un milimétrico fuera de juego de Lewandowski terminó ahogando las esperanzas y el poco positivismo que los culés habían sido capaces de recolectar.

La segunda parte entró con celeridad en fase anestésica después de lo inexplicable e ilógico de los primeros cuarenta y cinco minutos, con ambos equipos algo más adormilados y con el Atlético de Madrid en particular algo más cansado y vaciado de batería tras el sobreesfuerzo físico. Por ello Simeone decidió dar descanso a algunos de sus cromos más agitados: Griezmann, Julián y Lookman dejaron su hueco en el campo a Sorloth, Almada y Álex Baena, que dieron algo más de gasolina en ataque pero sin riesgo real o lógico de anotar el quinto tanto del encuentro.

El camino se puso ya no cuesta arriba sino en ángulo de noventa grados para los de Flick tras una fea y pasada de rosca entrada que terminó en roja de Eric García sobre Álex Baena, último hombre contra último hombre por la posición algo más adelantada de Araújo según determinó una más breve intervención del sistema VAR.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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