El Riyadh Air Metropolitano será el volcán que decida el título de la UEFA Women’s Nations League 2025. Con un 0-0 que dejó la final abierta y un país preparado para arder en más de 45.000 gargantas. España buscará derribar la última muralla del fútbol europeo: Alemania, potencia eterna. Una árbitra con pasado español, un éxito televisivo sin precedentes y una generación que ya no sueña, exige. La historia está convocada. Madrid será la frontera entre la memoria y la eternidad.
La vuelta de la final de la UEFA Women’s Nations League entre España y Alemania está llamada a ser uno de los momentos más grandes jamás vividos por el fútbol femenino en nuestro país. Tras el empate sin goles en la ida disputada en Kaiserslautern, el destino se traslada a Madrid, al Riyadh Air Metropolitano. Donde más de 45.000 aficionados han convertido el partido en un acontecimiento nacional. La historia no espera: se juega, se grita, se empuja desde la grada hasta que el balón acepta su dueño. En los últimos siete enfrentamientos entre ambos combinados, Alemania todavía mantiene ventaja —tres victorias, dos empates y una única celebración española— pero ese único triunfo es un faro, un recuerdo ardiente. Semifinales de la Eurocopa Suiza 2025, prórroga, minuto 116, Aitana Bonmatí y un gol que dobló la rodilla del gigante germano. Aquella noche España dejó de ser aspirante para convertirse en potencia, y ahora quiere confirmar que la historia no fue un destello sino una era.
La encargada de impartir justicia será la italiana Silvia Gasperotti, árbitra de 32 años con una trayectoria marcada por carácter, crecimiento y salto continental. Su silbato no es ajeno a las españolas: dirigió el 7-1 del Barça ante el Bayern y el Arsenal–Real Madrid (2-1) en noviembre, partidos que la colocaron en el mapa competitivo de nuestra liga. Esta será su segunda final internacional tras el Europeo Sub-19 de 2024, que también conquistó España en la prórroga con un gol de Intza Eguiguren en el 118. Gasperotti lo dijo entonces y lo sostendrá ahora desde el centro del campo: “Arbitrar una final es un honor, pero también una responsabilidad”. Que suya sea la responsabilidad, que despiertas sean las nuestras.
Se habla de un estadio lleno, de una noche irrepetible, de un país que decidió asistir a su propia obra. 45.000 entradas agotadas para ver a la Roja en casa, en un escenario que vibra, que ruge, que empuja. El Metropolitano no será cemento: será pulmón. Será tambor rojo. Será muralla emocional ante la Alemania más imponente del continente, ocho veces campeona de Europa, eterna dueña del relato pero esta vez visitante en un territorio encendido. Cada asiento será una declaración de fe, cada bandera una flecha, cada voz una ola capaz de mover el destino. RTVE, que ya convirtió la ida en el contenido más visto del día con 1.562.000 espectadores y 4,5 millones de audiencia acumulada. Prepara un nuevo récord: siete de cada diez aficionados europeos creen que España levantará el título. No es una quiniela: es un manifiesto.
La ciudad vivirá el partido desde la mañana. En la Puerta H del Metropolitano, desde las 11:00 hasta media hora antes del inicio, la Fan Zone abrirá sus puertas como preludio de la épica. Teqball, mini campos, retos, actividades, foodtrucks, fotografías con la Copa del Mundo, el título de Nations, los Europeos Sub-17 y Sub-19. Además de la exposición “Camino hacia la Estrella”, permitirán a la afición caminar sobre la memoria antes de empujar hacia el futuro. No será un encuentro: será un rito. Una peregrinación. Un país celebrando a sus referentes. Un orgullo visible, audible, palpable.
Nombres como Aitana, Alexia, Jenni Hermoso y Ona Battle ya no necesitan presentación: se pronuncian como bandera. Detrás de ellas llega el futuro inmediato —Vicky López, Fiamma Benítez— hijas de un país que ya normalizó los estadios llenos, los títulos conquistados y las finales televisadas en abierto con expectación masiva. España no llega para competir: llega para defender una corona, desafiar una dinastía y ampliar una frontera deportiva que parecía imposible apenas hace unos años. Lo que en Alemania fue contención, en Madrid será volcán. Lo que allí fue prólogo, aquí será eternidad.
El 2 de diciembre a las 18:30, en La 1 de RTVE, España no jugará un partido: escribirá una página definitiva. Alemania es la última montaña del continente. El Metropolitano será el viento que empuja hacia la cima. El balón decidirá quién respira.
Que ruja Madrid y España arda es una señal de que la final no está por jugarse: está por inmortalizarse.

