La Selección Española de Fútbol se llevó la segunda Nations League de su historia tras imponerse por 3-0 a Alemania en la final. Claudia Pina, con un doblete, fue la MVP del encuentro. Vicky López marcó otro gol ante las 55.853 fans que estuvieron en las gradas del Metropolitano, récord de asistencia para ver a la “La Roja”.

Primera parte |

Del Riyadh Air Metropolitano al cielo. Así empezó todo, así terminó todo, así se escribió una tarde que ya pertenece a la memoria sagrada del fútbol español, empujada por las 55.843 almas que convirtieron el Metropolitano en un volcán, en un reactor, en una lanzadera hacia la gloria.

La Selección salió al césped como si supiera que nada podía detenerla, empapada de ese rugido colectivo que no solo anima: transforma. Desde el primer segundo se vio que España iba a mandar.

Y la primera en hacerlo fue Vicky López, la gran novedad de Sonia Bermúdez en el once, que metió un balón templado al área al que Alexia Putellas llegó a milímetros de convertir en la primera ofrenda a la historia. No fue gol por cuestión de centímetros, los mismos que separaron el zapatazo de Esther González del poste tras una acción que heló a Berlín y encendió Madrid.

La Roja era un torbellino, y volvió a demostrarlo cuando Alexia, imperial, sacó un testarazo que obligó a Berger a volar para sacar una mano baja que llevaba destino de titular en los diarios alemanes.

Pero Alemania, dolida en su orgullo, respondió con Kett, primero con un disparo alto y luego con un latigazo que atrapó una Cata Coll inalterable, firme, enorme, como si hubiese decidido blindar su portería desde la primera mirada al balón.

Segunda mitad |

La reanudación fue la apertura de un nuevo capítulo, esta vez escrito a fuego. España salió a devorar, y lo demostró con un cabezazo de Esther que se marchó a córner. Alemania aguantaba, cerrada, áspera, sabiendo que un gol español podía dinamitar todo su plan. Cerci respondió desde la frontal con un disparo alto, pero el encuentro ya tenía dueño emocional, rítmico y anímico: España.

Faltaba un golpe maestro, un chispazo, una jugadora que transformara intención en eternidad. Y apareció. Claudia Pina, la de Moncada y Reixach, la atacante que juega como si conociera la partitura del fútbol antes de que llegue a los pies, combinó con Mariona en una pared celestial y soltó un latigazo que Berger desvió lo justo para retardar lo imposible y es que el esférico acabó abriendo la lata con el 1–0 en el minuto 61 de juego.

Aquello ya no era un partido: era una liberación, una afirmación de poder, un acto de fe colectiva. Y en ese trance, llegó la magia. Vicky López, la joven vallecana con alma de vieja estrella, recibió dentro del área, se perfiló para la zurda y soltó un disparo seco, furioso, poético, que se estrelló en la red como un meteorito rojo. Era el 2-0 de la exjugadora del Madrid CFF.

El dos a cero en el 68 del partido dio cierta dosis de calma y la puerta del cielo y el estadio entero se levantó para ovacionarla cuando Sonia Bermúdez decidió reemplazarla por Athenea del Castillo.
Era su consagración. Era su nombre ascendiendo a los altares, seamos claros.

España convertida en apisonadora, pidió más. Y Claudia Pina, decidida a ser la Bota de Oro, decidió que el partido merecía una rúbrica a su altura. Recibió, armó la pierna y soltó un disparo que no es un disparo: es un manifiesto.

El balón viajó como un rayo y se incrustó en la portería de la ocho veces campeona de Europa, que perdía ya por 3–0 cuando el reloj deambulaba por el minuto 74 y a un cuarto de hora del noventa se declaró el estado de felicidad en el feudo rojiblanco.

Ocho goles llevaron su rúbrica en la Nations League, igualando a Wullaert. Magia azulgrana. Delirio rojo. Historia absoluta. Berger aún evitó el cuarto ante Athenea. El partido ya era un himno.
Con el reloj agotándose, Sonia Bermúdez dio entrada a Jana, Fiamma y Edna por Ona Batlle, Alexia —MVP imperial— y Pina, que se fue ovacionada como se van las grandes: con un estadio entero reconociendo que ha visto algo irrepetible.

Cuando sonó el pitido final, España no solo había ganado. Había conquistado su segunda Nations League, había firmado una tarde eterna, había demostrado que este equipo ya no compite contra nadie, porque vuela. Porque domina. Porque manda.

Y así, cuando los ecos se iban apagando, volvió la frase que abrió el día, cerrando el círculo perfecto de las epopeyas. Del Riyadh Air Metropolitano al cielo.

Así empezó la tarde. Así terminó. Y así seguirá recordándose mientras exista el fútbol. Porque este equipo no mira al cielo como meta, sino como punto de partida. España volvió a reinar, España volvió a emocionar.

España volvió a volar. Y desde lo alto, muy arriba, donde solo llegan las mejores, la Selección Española de Fútbol ya mira su siguiente destino sin miedo, sin dudas, sin freno.

Del Riyadh Air Metropolitano al cielo. Y de ahí, siempre arriba porque España, que ya está en el tercer puesto de la clasificación UEFA parece no tener techo y su hambre y ambición están intactas.
Fiamma Benítez, 5 minutos para la eternidad: la noche en la que la niña del balón alzó un título en su casa.

Hay futbolistas que necesitan noventa minutos para construir una historia y otras, como Fiamma Benítez, a las que les basta un puñado de instantes para dejar una huella imborrable.

La final de la UEFA Women’s Nations League 2025, disputada en un Metropolitano convertido en una caldera rojigualda, quedará en la memoria colectiva por el título, por el ambiente, por el triunfo sobre Alemania… pero también, y sobre todo, por aquella imagen: Fiamma entrando al césped en el minuto 87, recibiendo la ovación de 55.843 almas, y sumándose al último pulso de un partido que acabaría coronándola campeona de la Nations con la Selección Española de Fútbol.

España vencía, pero el duelo estaba vivo. Alemania presionaba, y cada balón dividido tenía el peso de una final. En ese clima de tensión, Montse Tomé decidió mirar al banquillo, buscar energía fresca, pausa con criterio, piernas capaces de pensar a máxima pulsación.

Y allí estaba Fiamma.
A sus 22 años, con la serenidad de quien ha aprendido a no temer escenarios grandes —porque siempre soñó con ellos—, recibió la indicación final, respiró hondo y cruzó la línea de cal.

Sus primeros pasos sobre el césped fueron un estallido emocional: el Metropolitano rugió para recibir a la centrocampista del Atlético de Madrid como si fuese una heroína local que volvía a casa. Y en cierta forma, lo era.

Desde el instante en que el trofeo se elevó hacia el cielo de Madrid, el nombre de Fiamma Benítez quedó grabado en la memoria de todos los que estuvieron allí. No por los minutos jugados, sino por el símbolo: una madrileña, jugando en su casa, vistiendo la camiseta de su país, alzando un título que ya forma parte eterna del Metropolitano.

Hay campeonas de larga trayectoria, y hay campeonas que empiezan a escribirla justo en el instante en el que levantan su primer título.

Fiamma pertenece al segundo grupo: la generación que viene, la que empuja, la que convierte cada minuto en una declaración de intenciones.

Su entrada del 87 al 92 fue más que una sustitución: fue la confirmación de que España la tiene presente, pero también futuro.

Un futuro que lleva la firma de jugadoras como ella, capaces de transformar momentos breves en capítulos para siempre.

Onces iniciales |

España: Cata Coll; Ona Batlle, Mapi León, Olga Carmona; Laia Aleixandri, Vicky López Alexia Putellas, Mariona Caldentey, Esther González y Claudia Pina

Alemania: Ann-Katrin Berger; Giulia Gwinn, Janina Minge, Rebecca Knaak, Franziska Kett; Elisa Senss, Sjoeke Nusken Selina Cerci Zicai 66’), Jule Brand (Kathrin Hendrich Klara Bühl y Nicole Anyomi.

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