El Atlético de Madrid Femenino se quedó sin final tras caer por 3-1 ante el Real Madrid en un derbi marcado por un inicio de partido muy negativo. Los errores propios castigaron en exceso a un equipo que atraviesa un momento complicado, pero que no dejó de intentarlo y acabó el encuentro dando la cara.
Un inicio que marcó el partido
El choque quedó condicionado en apenas 18 minutos. En el 6’, una pérdida en la salida de balón permitió a Athenea adelantar al conjunto blanco. Poco después, un saque de banda mal ejecutado acabó con un disparo lejano de Weir que sorprendió a Lola. Sin tiempo para reaccionar, llegó el tercer tanto, obra de Linda Caicedo, que avanzó sin oposición y firmó el 3-0 que dejó el derbi muy cuesta arriba para las rojiblancas.
Tres fallos graves, tres goles en contra y un golpe difícil de asumir tan pronto.

Reacción y orgullo rojiblanco
A pesar del duro comienzo, el Atlético no bajó los brazos. El equipo trató de rehacerse a través del balón, asumió la posesión y buscó con insistencia la portería rival. Hubo llegadas, disparos lejanos y sensación de empuje, aunque sin el acierto necesario antes del descanso.
La imagen fue la de un Atlético que, incluso en su peor momento, no renunció a competir.
Luany, la mejor y la más insistente
Tras el paso por vestuarios, el Atlético dio un paso adelante. La presión fue más alta y el equipo empezó a generar más peligro. En ese contexto emergió Luany, la mejor del partido. La brasileña fue incansable: atacó, defendió, desbordó y no dejó de creer en ningún momento.
Su gol en el minuto 72, culminando una gran acción individual, fue el reflejo de su partido y del espíritu del equipo. Hasta el final, siguió siendo la principal amenaza rojiblanca y el motor del ataque.
Una derrota que duele, pero deja mensaje
El Atlético murió empujando, aunque el marcador ya no se movió. La derrota prolonga la sequía de victorias del equipo, que ya supera los dos meses, y confirma que el momento es delicado.
Aun así, el derbi deja una lectura clara: el Atlético fue condenado por sus propios errores. Con un inicio distinto, el resultado podría haber sido otro. El equipo no dejó de intentarlo y mostró orgullo hasta el final, una base imprescindible para empezar a revertir la situación.
