Hay ruedas de prensa que se convocan para cumplir el trámite y hay ruedas de prensa que se quedan. La de este martes en el Metropolitano pertenece, sin ninguna duda, a la segunda categoría. Antoine Griezmann, el hombre que en los próximos días disputará sus últimas semanas como futbolista del Atlético de Madrid antes de poner rumbo a la MLS, se sentó junto a Diego Pablo Simeone para afrontar la previa de la ida de los cuartos de final de la Champions League ante el FC Barcelona, y lo que dejó fue mucho más que fútbol: fue el retrato de una relación humana forjada al calor de los entrenamientos, los títulos y los fracasos compartidos.
«He llegado a un nivel futbolístico que no me había imaginado»
Antes de que el Principito tuviera siquiera ocasión de abrir la boca, fue el Cholo quien tomó la iniciativa. Simeone no habló solo como entrenador, sino —según sus propias palabras— como «cualquier hincha del Atlético si tuviera la oportunidad de estar aquí». Le llamó ejemplo, reconoció la estrecha relación personal que les une más allá del césped y, con esa mezcla de afecto y exigencia que tan bien define su carácter, le lanzó un aviso que arrancó más de una sonrisa en la sala: «Si no corrés, vas para fuera».
Cuando llegó el turno de Griezmann, el francés, visiblemente emocionado aunque contenido, fue lacónico en las formas pero extraordinariamente elocuente en el fondo: «Para abrir mi corazón, necesito estar con mis niños y mi mujer y el Cholo y su familia, así me podré abrir realmente. Le debo muchísimo. Primero gracias a la Real Sociedad y luego al Cholo, que con su trabajo me ha hecho ver muchas cosas. Y luego en lo personal, lo admiro, lo amo. Es un honor, un orgullo y un placer jugar para él». Difícil añadir algo a eso.
La gestión de la salida anunciada
El anuncio de su marcha al Inter de Miami al final de temporada planeó durante toda la comparecencia, aunque el ‘7’ rojiblanco fue especialmente cuidadoso a la hora de no dejarse arrastrar por esa corriente. Cuando se le preguntó por cómo había gestionado internamente la situación desde que comunicó su decisión, Griezmann reconoció que los primeros compases, allá por septiembre, «fueron algo como más difíciles». No obstante, el vestuario y el entorno familiar ejercieron de bálsamo, y el extremo fue adaptándose poco a poco a lo que el Cholo necesitaba de él. «Lo entendí y lo intento hacer lo mejor posible», zanjó, antes de subrayar que no es el momento de hablar de Orlando ni de lo que vendrá después: «Tenemos unos cuartos de final, que para mí es algo increíble. Tengo la cabeza muy despejada para ese momento y quiero ayudar lo máximo».
No es casual que Griezmann haya elegido estos cuartos de final —y no cualquier otra ventana— para escenificar su mejor versión. Todo apunta a que el francés afronta estas semanas como la gran oportunidad de redondear un legado que ya es, en todo caso, monumental en la historia del club colchonero.
«Queda lo mejor»: la Champions, como destino
Cuando se le recordó que él mismo había prometido que lo mejor estaba por llegar en el momento de anunciar su marcha, el Principito no se escondió: «Siempre pienso en el equipo. Creo que lo mejor para mí y para estar tranquilo, para que no haya dudas ni preguntas, era decirlo en ese momento y pasar a otra cosa. La Liga, la Champions y la Copa. Estoy muy enfocado en ello». Una respuesta que, leída entre líneas, habla de madurez y de un jugador que ha comprendido que la mejor forma de protegerse del ruido es eliminar las fuentes de ese ruido de un plumazo.
Particularmente revelador fue su análisis de lo que ocurrió el curso anterior: «El año pasado, marzo me hizo mucho daño. Tenía muchas expectativas y no supe darle la vuelta mentalmente». Este año, con 35 años recién cumplidos, asegura haber aprendido la lección: «Aún con 35 años sigo haciéndolo. Estoy dispuesto a lo que sea y a lo que haga falta. Me siento muy bien mentalmente y eso me ayuda mucho en el campo». La diferencia entre el Griezmann de hace doce meses y el de ahora mismo es, a tenor de lo que transmite, fundamentalmente de orden mental.
«Me siento como mi hijo la noche antes de su partido»
Y ante el Barcelona, ¿qué siente? Griezmann recurrió a una imagen doméstica, tan suya, para explicarlo: «Ilusión, muchas ganas. Me siento como mi hijo cuando tiene un partido el sábado a las 11 y se despierta a las 6, y a las 6 y media ya está con la ropa puesta». Esa inflamable mezcla de ilusión infantil y determinación adulta es, precisamente, la marca de la casa del jugador que más goles ha marcado en la historia de la entidad rojiblanca, y la que los aficionados esperan ver en el Metropolitano en las próximas horas.
En cuanto a cómo quiere que le recuerden cuando cruce por última vez esas puertas, Griezmann fue claro y despojado de artificios: «La mejor despedida que quiero y espero es mi rendimiento en el campo y el esfuerzo que voy a dar en cada partido. Es la imagen que quiero dejar: lo que siempre he sido, trabajar para el equipo y de vez en cuando marcar algún gol». Una despedida que, si los cuartos de final acompañan, podría escribirse con letras de Champions.

