El FC Barcelona no ha dormido bien. La derrota encajada ante el Atlético de Madrid en la ida de los cuartos de final de la Champions League dejó un poso amargo en Can Barça que, menos de doce horas después del pitido final, ya tiene nombre y apellido en las redes sociales: Lamine Yamal. El extremo español, uno de los futbolistas más desequilibrantes del panorama europeo con tan sólo dieciocho años, ha sido el primero en romper el silencio del vestuario culé, y lo ha hecho con un mensaje en su cuenta de Instagram que no habilita interpretaciones: «Esto no ha acabado, culers. Lo daremos todo en la vuelta. Tots units, sempre».
Yamal acompañó sus palabras con una fotografía tomada al término del encuentro, en la que aparece agachado y visiblemente abatido por el resultado; una imagen que contrasta frontalmente con el tono beligerante y combativo del texto que la acompaña. No es casual que sea precisamente él quien tome la iniciativa de agitar al barcelonismo desde las primeras horas de la mañana siguiente: la joven promesa se ha convertido, a una edad en la que otros todavía lidian con los nervios de los debuts, en el referente emocional y futbolístico de un vestuario que necesita creer en un pase a semifinales que, estadísticamente, se antoja casi imposible.
Y es que los números no acompañan precisamente las aspiraciones culés. Remontar un 0-2 en la eliminatoria de vuelta de una Champions League es una empresa que, en toda la historia de la competición, solo ha fructificado en una ocasión, lo que sitúa al Barcelona ante un reto de proporciones colosales de cara al partido del próximo martes en el Riyadh Air Metropolitano, donde el Atleti recibirá a los de Flick con ese colchón de dos goles de ventaja y con la certeza de que el Cholo sabrá muy bien cómo preparar una noche de esas características para hacer valer la diferencia de goles obtenida en el Camp Nou.

