Un rebelde Galatasaray impide que el Atlético se enganche al top 8 de la Champions

Volvía el Atlético de Madrid a los terrenos de juego de la Liga de Campeones con varios nombres propios encima de la mesa: Pubill, que se asentaba de forma definitiva en el eje de la defensa, Koke y Pablo Barrios, que volvían a compartir timón en el mediocampo, y Almada, que conseguía una inusitada titularidad europea tras su buen desempeño en las últimas citas domésticas, en las que ha ido ganando algo más de confianza para Simeone.

Comenzó el partido bronco, inestable, con el estadio a punto de reventar por el exceso de decibelios de la afición turca y con Sané y Victor Osimhen tratando de encontrar huecos en una defensa rojiblanca que salió bien posicionada y no pensaba naufragar tan tempranamente. La tuvo Julián Alvarez para anotar el primero, pero la mandó al lateral de la red después de una filigrana de prestidigitador. Aunque el primer tanto para el Atlético no tardó en llegar, de cabeza en una acción que remató Giuliano Simeone con fiereza y precisión después de un espectacular centro de Ruggeri, que denotó esa calidad que tanto se le lleva demandando desde su llegada al Atlético de Madrid en el pasado mercado de verano.

No tardó el Galatasaray en revolverse tras el gol, imprimiendo una velocidad al juego que tenía que ver más con el corazón (y con la fe) que con las certezas de la lógica. Y curiosamente ese ritmo vertiginoso terminó poniendo en jaque al conjunto colchonero en cuestión de pocos minutos, cuando una de las tantas acciones de crack en las que Leroy Sané penetró como Pedro por su casa por la banda zurda que defendía Matteo Ruggeri desembocó en un centro raso, traicionero, que Marcos Llorente envió, para desgracia de los suyos, al fondo de su propia portería tras intentar un complicado despeje.

El Atlético de Madrid trató de reiniciar la computadora por la banda de Ruggeri —sobre la que comenzó a aparecer también Hancko para el desdoble—, apoyándose en el virtuoso Pablo Barrios y en las innovaciones tácticas de un Thiago Almada que sin duda fue el más travieso y revolucionario del once cholista, o al menos el que más situaciones de peligro diferentes fue capaz de generar en las inmediaciones de la portería de Cakir.

Aunque el combinado local trató de hacer valer la eminente valentía (casi osadía) ofensiva de su delantero estrella, Osimhen, para no marcharse al túnel de vestuarios con un empate en el electrónico, pero un Pubill estelar en defensa, que fue incluso capaz de desestabilizar al nigeriano con un ligero toque que evitó un remate a placer que difícilmente Oblak podría haber rechazado, no permitió que el Atlético se descompusiera en fase defensiva.

Comenzó la segunda mitad y Simeone realizaba, empleando la ventana del descanso, un cambio sorprendente: sacaba a Almada, que venía de firmar unos muy sólidos 45 minutos, para dar entrada a la seguridad que muy seguramente le transmitía Álex Baena de cara a desatascar el marcador y extraer los tan necesarios tres puntos de Turquía que el Atlético necesitaba para engancharse de forma matemática y virtual al top 8, que permitiría a los del Cholo escapar de la eliminatoria previa de dieciseisavos de final por segunda temporada consecutiva.

No tardó Pablo Barrios en dejarse caer por la banda de Baena para triangular con Koke y tratar de configurar nuevos espacios o vislumbrar más líneas de pase entre los defensores del equipo local, aunque el Galatasaray supo apaciguar las continuas embestidas de un Atlético que se mostraba desesperado por encontrar el camino hacia el tan ansiado segundo tanto.

Entró Griezmann para sustituir a Alexander Sorloth —cuarto cambio de Simeone con todavía treinta minutos por delante— y tratar de toparse con nueva pólvora en ataque, manteniendo asimismo a Julián para intentar romper su mala racha y humedecer la sequía goleadora que arrastra desde hace meses y que lo mantiene completamente negado de cara a portería.

En los últimos minutos de la segunda parte el Galatasaray tomó la batuta del encuentro y quiso proponer y dominar a un Atlético que fue perdiendo esa ilusión y esa gasolina con la que estuvo a punto de materializar el 1-2. Como último cambio, Simeone dio minutos a Nico González y retiró a Julián, que confirmó sus malas sensaciones y su racha nefasta en ataque.

Caía Álex Baena a la banda de Giuliano para desarmar a los turcos vía juego aéreo y proponiendo algo distinto, mas sin éxito. El Atlético de Madrid entró en modo ahorro de batería y, aunque olisqueó las inmediaciones del área rival —incluso Cakir tuvo que despejar a lo Mazinger Z un libre directo de Griezmann que quiso recordar al de Riazor—, fue incapaz de romper el empate a uno que los anaranjados sellaron tras el autogol de Llorente, y aunque no se aleja del todo sí pierde una oportunidad de oro para engancharse al tan deseado como selecto grupo de los ocho mejores equipos de la fase de liguilla.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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