Unos traviesos Guedes y Kubo amargan el inicio de año del Atlético de Madrid

Primer partido del Atlético de Madrid en el año 2026 y primera titularidad para Álex Baena, que regresó, por fin, a la titularidad tras los innumerables problemas físicos que marcaron los últimos meses de su 2025 y que empañaron, también, sus primeras semanas como futbolista rojiblanco.

Novedad por ese frente, lo que ni de lejos alcanzó la categoría de noticia: el dominio de pelota que Pablo Barrios, malabarista del esférico en Anoeta, comenzó a desplegar sobre el verde para, cual director de orquesta, conducir y acompasar el ritmo de su equipo como pilar fundamental en el centro del campo. Fue el mejor de la primera parte y uno de los futbolistas que más peligro generaron por parte del ala cholista, aunque esta frase encaja a la perfección con cada partido del español, que sin duda está disputando su mejor temporada hasta la fecha en el equipo del que es canterano.

Sin embargo, la Real, que hizo gala de aquello de año nuevo, vida nueva, estrenó míster con un fútbol muy vertical, incisivo y versátil en las fases ofensivas del juego, con Oyarzabal, Kubo y Brais Méndez como principales espadachines y garantes del fútbol con el que Matarazzo pretende sacar al conjunto vasco de la zona baja de la tabla. También pudieron dominar el ritmo del encuentro los locales gracias a una afición que no bajó el nivel de decibelios ni siquiera en un gélido frío de enero y gracias a un Atlético de Madrid que no disputó precisamente su mejor partido a nivel defensivo, aunque bastó para no cometer errores clamorosos —superó el test con un aprobado raspado— y no encajar goles infantiles o evitables en la primera media hora.

Lo intentaban sobre todo, por parte de los rojiblancos, Álex Baena, Pablo Barrios y Julián Álvarez, con tímidas y frías cabalgadas de Giuliano Simeone por la banda diestra y alguna que otra aparición esporádica de Alexander Sorloth.

Tan mal debió ver el asunto Simeone sénior que estuvo, incluso, a punto de saltar al césped en varias ocasiones, pues se le vio demasiado nervioso e incómodo en la banda, dando órdenes de forma constante a sus pupilos y tratando de corregir el ritmo cada vez más errático que  mantuvieron los suyos durante los últimos minutos de la primera parte, que fueron avasallados a partir del minuto 38 por una Real Sociedad que fue capaz, y sin demasiado esfuerzo, de encontrar las costuras más deshilachadas de la defensa del Atleti, con un Jan Oblak que volvió a colgarse la capa de superhéroe para mantener el marcador a cero pese a las incontables intentonas de los vascos, que incluso llegaron a anotar un gol que posteriormente fue anulado por el VAR por fuera de juego posicional.

El Cholo, desquiciado con los cambios en el Real Sociedad-Atlético de Madrid

Luego el Cholo meneó el árbol al comienzo del segundo tiempo y no esperó al ya mítico minuto sesenta para introducir sus nuevas cartas: dio salida a Pablo Barrios por Connor Gallagher —lo que simplemente debería responder a una cuestión física o estratégica, pues el partido del canterano estaba siendo estelar— y sacó del campo a Ruggeri, el peor en la defensa y el jugador que más posibilidades y huecos dejó a Kubo, para dar minutos a un viejo conocido de Anoeta, Le Normand.

No necesitó demasiados minutos de la segunda mitad Sorloth para remachar, de cabeza, un centro impecable que le dibujó Giuliano desde la arista derecha del verde tras una preciosa acción individual del argentino.

Pero tampoco tardó mucho más la Real en empatarlo, en una acción en la que Guedes puso la puntilla, la puñalada final, a una acción en la que la defensa del Atlético de Madrid hizo aguas y se deshizo por completo ante las internadas de Kubo y Guedes, que capitalizaron, junto con Brais Méndez, la ofensiva del conjunto blanquiazul.

En los últimos minutos del partido fueron los locales los que hicieron todo lo posible por decantar la balanza definitivamente a su favor, apostando por la verticalidad que hasta ese momento les había llevado a buen puerto y que estaba dejando retratada a una defensa rojiblanca que, de no ser por Oblak y Pubill, los únicos que tendieron a ser bomberos y no pirómanos, habría enfrentado un resultado en contra incluso más abultado.

Tuvo la suya para desempatarlo Griezmann en un instante en que quedó solo frente a Remiro, pero el juego psicológico lo ganó al cabo el guardameta tras aguantar (y ver venir, por qué no decirlo) la vaselina con la que Antoine trató de vencerlo.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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