El Atlético de Madrid cerró la temporada de la peor manera posible. El conjunto de Diego Pablo Simeone cayó goleado ante el Villarreal en La Cerámica (5-1) en un partido durísimo para los rojiblancos, completamente superados por un Submarino Amarillo que convirtió la última jornada en una fiesta total para celebrar el tercer puesto de LaLiga.
La derrota resume perfectamente el final de curso del Atlético: un equipo sin tensión competitiva, superado físicamente en muchos momentos y demasiado vulnerable defensivamente. El Villarreal, en cambio, jugó como quien sabía exactamente lo que se estaba jugando. Y la diferencia fue enorme.
Un Villarreal desatado desde el principio
El conjunto de Marcelino salió muchísimo más enchufado desde el primer minuto. Pépé avisó nada más arrancar y el Atlético nunca consiguió sentirse cómodo sobre el césped. Los groguets encontraban espacios con demasiada facilidad y castigaban cada transición ofensiva.
El golpe inicial llegó pasada la media hora. Sesma Espinosa señaló penalti sobre Pépé tras una salida tardía de Musso y Parejo, en el día de su despedida, no perdonó desde los once metros para abrir el marcador.
El gol terminó de romper a un Atlético muy blando atrás. Apenas unos minutos después, Ayoze aprovechó un mal despeje de Hancko para hacer el segundo y desatar la locura en La Cerámica.
Y todavía quedaba más. Mikautadze firmó el tercero culminando un contragolpe perfecto en un dos para dos demoledor. El georgiano volvió a demostrar por qué ha sido una de las grandes sensaciones ofensivas del campeonato.
El espejismo de Pubill que duro segundos
Cuando el partido parecía completamente roto, el Atlético encontró algo de vida gracias a Marc Pubill. El lateral aprovechó una mala salida de Arnau Tenas en un córner para recortar distancias y dar la sensación de que quizá los rojiblancos podían reaccionar. Pero el espejismo duró apenas unos segundos.
Antes del descanso, Gueye se sacó un auténtico golazo desde la frontal para colocar el 4-1 con un zurdazo espectacular a la escuadra. Ahí sí, el encuentro quedó prácticamente sentenciado.
La imagen del Atlético durante la primera mitad fue muy preocupante: desconectado, frágil y superado en intensidad en prácticamente cada duelo.
Ayoze se redime de su sequía durante la temporada
Simeone intentó cambiar algo el escenario en el descanso dando entrada a Sorloth, Ruggeri y Puric, pero el Villarreal siguió jugando con una tranquilidad absoluta.
Ayoze terminó de cerrar la goleada en el minuto 53 con una definición de muchísimo nivel tras otra transición perfectamente ejecutada por el conjunto castellonense. El canario firmó su doblete y puso el 5-1 definitivo en una noche redonda para el Villarreal.
A partir de ahí, el partido se convirtió prácticamente en una celebración local. La Cerámica disfrutó con los “olés”, ovacionó a Parejo y Pedraza en su despedida y hasta pidió a gritos la convocatoria de Moleiro para el Mundial.
Final de temporada amargo en clave metropolitano
Más allá del resultado, la sensación que deja el Atlético en este cierre de temporada es preocupante. Desde la eliminación europea, el equipo ha ido perdiendo competitividad, intensidad y capacidad para sostener partidos grandes.
Ni siquiera el incentivo del tercer puesto evitó una actuación muy pobre en Villarreal. Los rojiblancos terminaron entregando esa plaza precisamente al equipo que más la peleó hasta el final.
El contraste entre ambos conjuntos fue evidente. El Villarreal jugó con hambre, velocidad y personalidad. El Atlético, en cambio, transmitió cansancio físico y mental. Ahora el foco se traslada definitivamente al mercado y a la reconstrucción del proyecto.

