Se cumplen catorce años de uno de esos partidos que jamás se nos borraran de la memoria. El escenario, la gesta, la plantilla… llegabamos a la Supercopa de Europa tras un baile espectacular al Athletic en Budapest, el primer título del Cholo Simeone y sin ningún tipo de complejo. En frente, un Chelsea que venia de ganar la Champions tras tumbar a Barça y Bayern, cada uno en su respectivo estadio, y con su palmarés en la Copa de Europa. Pobres leones de Londres, no eran conscientes de lo que se les venia encima en Mónaco.
Un inicio de altos vuelos
Decidme cuantas veces habeis visto a un campeón de Europa tan dubitativo en una Supercopa. Creo que se pueden contar con los dedos de la mano. Pues todo eso fue fruto del buen hacer rojiblanco. La primera parte fue enteramente rojiblanca, sin rodeos ni matices. El Atleti salió dispuesto a demostrar que lo de Budapest no fue flor de una temporada y Falcao ejerció como el poderoso brazo ejecutor de una máquina prácticamente perfecta. Ya en el minuto tres, aviso con un remate al travesaño en su primera ocasión. Las garras ya estaban afiladas y, sólo tres minutos después, aprovecho un pase al hueco perfecto de Adrián con una vaselina perfecta sobre Peter Cech. 1-0 y primer zarpazo del Tigre.

El Atleti, sin soltar el acelerador
El Atleti siguió con su propuesta de asfixiar al Chelsea hasta la extenuación ante un conjunto blue sin respuesta. ¿Los balones divididos? Para el Atleti. ¿Las segundas jugadas? También rojiblancas. Y en el minuto 19, otra vez la bestia vuelve a rugir. Balón por alto que gana Mario Suárez, combinación entre Adrián y Koke y el vallecano (que ya comenzaba a escribir su leyenda) filtra para que Radamel la ponga en la escuadra de Peter Cech. Segundo gol en menos de quince minutos. El Atleti se gusta. El Chelsea se derrumba. Y Falcao vuelve a rugir para consagrarse como el gran nueve de su época.
Y ya en el ocaso de la primera parte, llega la puntilla. Saque de esquina para el Chelsea, recupera el Atleti e ilvana un contragolpe al más puro estilo Simeone. Toques rápidos, incisivos y precisos. Hasta que Arda conduce a la frontal y ahí, otra vez, aparece la bestia colombiana para dar la puntilla a una final que solo tuvo color rojiblanco. El Tigre se consagraba como el mejor delantero del año. El Atleti demostraba que ya estaba listo para cotas más altas y el Chelsea se caía en pedazos.
La puntilla de la segunda parte
El Atleti no estaba dispuesto a dejar el partido con solo tres goles. Y nada más empezar la segunda parte, los colchoneros volverian a ampliar distancia con una de las señas de identidad de los buenos tiempos del Cholo, el balón parado. Una falta lejana serviría de centro para los rojiblancos. Ningún defensa atinó a despejar y el balón le cayó a un Joao Miranda muy bien posicionado y que se convertiria en héroe ocho meses después en el Santiago Bernabeu. 0-4. Se acabó la final. Cahill pondria el de la honra a diez minutos del final, pero la historia de ese dia ya estaba escrita en rojo y blanco.
El inicio de algo grande
El Atleti se consagró como Supercampeón de Europa por segunda vez en tres años. Falcao volvió a ser protagonista en una final y el equipo demostró que el «Pupas» había muerto, y el Cholo fue su verdugo. Esa final fue el prólogo de una temporada que culminaria con un regreso a la Liga de Campeones cuatro años después, la mejor puntuación desde el doblete hasta ese momento en Liga. El Atlético de Madrid habia vuelto a la grandeza y al triunfo con Simeone como arquitecto y Falcao como ejecutor, aunque lo mejor, aun estaba por venir.
