Antoine Griezmann no se conforma. “Quiero más”, repite con una sonrisa que ya es marca registrada. Y no lo dice cualquiera: lo dice el máximo goleador histórico del Atlético, con 203 tantos —30 más que los 173 de Luis Aragonés—, que además ha renovado hasta 2027 porque siente que aún le “quedan muchas cosas” por lograr: Liga, Copa y, sobre todo, la Champions. El francés atiende a los medios en un acto de Hyundai en el Metropolitano y su mensaje es claro: ambición, responsabilidad y hambre competitiva.

El camino hacia el gol 200, admite, se hizo largo. No por obsesión, sino por un bache emocional que ubicó en marzo, cuando el equipo se quedó fuera de la pelea por Liga y Champions. “Me afectó mentalmente y eso repercutió en mi juego”, admite con franqueza. Superado ese tramo, los goles “se hacen solos” y el foco vuelve a lo esencial: seguir sumando y liderar desde el césped… aunque el rol variara respecto a lo previsto.

Porque Griezmann también convive con la gestión del banquillo y la meritocracia cotidiana. “Tú siempre quieres jugar, pero debo ser profesional, dar ejemplo y demostrar al míster que tengo todo para estar en el once”, explica. Ese tono resume su peso en el vestuario: competir, sumar y empujar al grupo, esté o no en el XI inicial. La etiqueta de “leyenda” la deja para más adelante: “No me gusta ponerme nombres; ahora toca demostrar cada día que puedo jugar”.

Sobre su renovación anticipada —ya tenía contrato hasta 2026—, la respuesta es tan simple como poderosa: “Porque quiero más. Minutos, piernas, cabeza… y ser aún más importante en el club”. Y, sí, la MLS sigue figurando como sueño de futuro, pero no una urgencia: “Estoy muy bien aquí; me queda contrato y quiero seguir renovando”.

Si algo retrata el liderazgo de Griezmann es su papel en el fichaje de Julián Álvarez. Contó que le escribió “cuatro o cinco” mensajes por Instagram, subrayando virtudes del Atleti, del Cholo y del vestuario. “Cuantas más estrellas, mejor para el club y más opciones de ganar”, resume sobre la convivencia con el argentino. En el campo, asegura, la relación es buena “dentro y fuera” y se nota cuando coinciden.

La espina de Milán 2016 sigue ahí, presente pero productiva. “Siempre lo piensas. Si entra ese penalti quizá no ganábamos, pero habría sido un empujón. Seguirá hasta que gane la Champions con el Atleti”, confiesa. Ese anhelo condensa su discurso: volver a Neptuno con un título grande. Mientras, el día a día: entrenar, competir y tirar del equipo.

¿Es este el mejor Atleti en el que ha estado? Griezmann evita comparaciones y rescata el ADN de aquel 4-4-2 coral, “muy trabajado y todos a lo mismo”. En el actual, su rol es brújula: ejemplo, jerarquía y gol. La sonrisa vuelve a asomar cuando se le pregunta qué le queda por conseguir: “Una Liga, una Champions, una Copa… y seguir dando alegrías a la gente”. Hambre sin caducidad. Ambición eterna. Y el Metropolitano como escenario de su “más, más, más”.

Por Javier Astudillo

Estudiante de doble grado de Periodismo+CC Políticas en EEUU. Instagram: xabiastudillo

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