El Atlético de Madrid se recompone de un inicio desastroso y roba tres puntos en Eindhoven

Encuentro para engancharse o desengancharse de la Champions, de esos que dan incluso más miedo que uno contra un coco europeo de gran renombre. Y esa sensación sibilina, oculta, pronto se materializó en un sentimiento mucho más corpóreo, pues el PSV Eindhoven salió incisivo, molesto, confiado, haciendo gala de sus grandes números esta temporada. Quizá por eso, o por la gran somnolencia con la que amaneció el Atlético de Madrid en el partido, hizo el PSV sangre antes del minuto 10 y casi sin despeinarse. El verdugo fue Guus Til, que castigó una jugada a la contra perfecta por parte de los holandeses en la que la defensa rojiblanca literalmente se deshizo. Ya lo avisó el equipo madrileño en la previa del partido, parodiando a Van Gogh: se avecinaba una noche estrellada en Holanda.

Luego quiso desperezarse, pero no fue ni mucho menos capaz, porque cae en los mismos errores infantiles de siempre. Querer llegar al área sin líneas claras que vislumbren la posibilidad de ejecutar un pase con una pizca de peligro y, cuando llega, tarda en rematar la jugada porque es convencida y abiertamente lento a la hora de tirar a puerta, bien porque no encuentra (o quiere encontrar) el hueco, porque le da miedo, porque no lo ve claro, porque se pone a reflexionar sobre la filosofía de Albert Camus y se le corren las cortinas, se le hace de noche, justo cuando se da cuenta de que si no chuta es, según las matemáticas, imposible anotar.

Barrios y Julián fueron los únicos que, como suelen, trataron de despejar dudas y ganar el partido ellos solos. Fue el propio Pablo Barrios el que, fruto de la rabia y la frustración tras los nefastos primeros compases del primer tiempo, hizo despegar un cohete desde fuera del área que se marchó lameteando el palo del guardameta local. Y, de nuevo, en el 35, incrustó el interior en el esférico para tratar de empatar el marcador tan negativo que arrastraba su equipo, pero el portero holandés intervino para sacar sus puños e impedir el tanto del mediocampista español.

Tuvo que llegar la araña para picar. Y, de nuevo, el de siempre, el que usualmente no da un balón por perdido, para robar e iniciar la acción de peligro. Giuliano Simeone fue el artífice, el ladrón de guante blanco que permitió a Sorloth penetrar con petróleo en el área y cederle el balón a Julián que, con Matej Kovar totalmente vencido, solo tuvo que empujarla para poner el 1-1 con el que se sellaron los primeros cuarenta y cinco minutos de encuentro. Y, en parte, viendo el modo maquiavélico con el que dio comienzo la primera mitad, el Atlético de Madrid podía darse entonces (y solo entonces) con un canto en los dientes.

El inicio de la segunda parte despertó los fantasmas de los primeros quince o veinte minutos del encuentro, con un PSV que, como el ave fénix, resucitó de sus propias cenizas para amenazar y sobrevolar de nuevo el área de Jan Oblak. No se daba por rendido el equipo holandés hasta que apareció David Hancko vestido de bombero, cazando el rechace de un disparo potentísimo ejecutado desde fuera del área por un sorprendentemente sólido Nahuel Molina y anotando el 1-2.

No se recompuso el equipo local cuando Pablo Barrios hizo un control magnético, penetró en las inmediaciones del área de Kovar y cedió un centro medido con compás, escuadra y cartabón para que Sorloth tan sólo tuviera que empujarla. Era el tercero del Atlético de Madrid y el Cholo y sus guerreros habían conseguido solventar el incendio inicial que tantos dolores de cabeza había producido en los primeros quince minutos.

El partido se transformó con rapidez en una carretera de un único sentido, con continuas llegadas del Atlético de Madrid que comenzaron a encerrar paulatinamente en su zona del campo al PSV, con un equipo holandés completamente incapaz de desperezarse y de hacer frente al juego predominante que el Atleti fue capaz de presentarle delante de sus narices. Ni siquiera un rápido Dest fue capaz de encontrar centros factibles desde la banda, y el partido, poco a poco, fue cayendo en las fauces del Atlético de Madrid. Pero sí fue capaz de hacerlo Ricardo Pepi a la salida de un córner cerca del 85 del partido, que maquilló temporalmente el resultado.

Victoria más o menos sólida, a pesar de los malos minutos iniciales, y los de Simeone suman otros tres puntos vitales y capitales para tratar de hacerse un hueco entre los ocho mejores equipos de la presente edición de la UEFA Champions League y evitar la ahora tan temida nueva ronda de playoff o dieciseisavos de final desde que la orejona cuenta con liguilla.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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