Brotes más que verdes

Veo a este Atlético de Madrid en casa, un equipo compacto, sólido e incisivo, y sufro la misma reacción secundaria que cuando veo al lince ibérico leucístico: comienzo a creer en el misticismo, en las señales mágicas y celestiales de las fuerzas del cielo y en que hay una vida más grande esperándonos tras la puertas de la muerte. Luego me acuerdo de que no damos ni el 20% de esta capacidad cuando, por ejemplo, visitamos Londres, y me dan ganas de aporrear mi cabeza contra la pared y rendirme a la evidencia con algo de alcohol en un vaso para whisky.

Hoy todo ha salido a pedir de boca: el partido primero se ha complicado, para que los muchachos vean que no todos los partidos van a ser cuesta abajo; con posterioridad se han sobrepuesto al juego provocador y físico de un Sevilla que tan sólo supo hacer faltas; luego han aprendido a marcar goles remando contracorriente, a resistir y a vencer pese a que los partidos comiencen a ponerse fangosos y chiclosos. Ahora la duda es si van a saber replicarlo o se olvidarán de todo lo aprendido en cuanto llegue el próximo examen.

Estaría hondamente bien que fuera y eligieran lo primero. Más que nada, porque se avecina un tramo no decisivo pero sí definitorio de la temporada, donde un error o más resbalones de los necesarios pueden torpedear directamente las esperanzas conjuntas de toda la temporada. Necesitamos seguir sumando de tres en liga, e ir robando puntos al Madrid y al Barcelona siempre que sea posible, y empezar a rascar más puntos en Champions, que, cabe recordarlo, tenemos tan sólo tres de nueve posibles.

Pero volviendo al partido de hoy: Almada es un genio, Nico, el futbolista incansable que tanto demandaba la grada, Griezmann todavía tiene cuentas pendientes que saldar aquí, Llorente puede ponerse las gafas del color que quiera mientras siga a este soberano y rematado nivel de forma física, Giuliano tiene combustible para seguir jugando quince partidos consecutivos más, Barrios hoy ha estado más ausente pero sigue siendo el engranaje fundacional del nuevo Atlético de Madrid, Baena, en cuanto explote, será el nuevo mago del Metropolitano, Julián sigue siendo Peter Parker y, por cierto, sin Koke no sabemos jugar con tanta calidad y eficacia.

Lo que está claro es que hemos fundado un grupo de superhéroes, una suerte de Vengadores que van a estar ahí siempre, los unos con los otros, para hacer frente a los peligros que vienen y vendrán. Un grupo certero, unido y con una química que cada día va a más. Uno que ilusiona y hace temblar al mismo tiempo, pues con este equipo, repleto de perlas y joyas bañadas en oro puro, tenemos la responsabilidad de hacer algo bonito. La excusa del dinero, de que otros tienen mejores plantillas —que la siguen teniendo, pero sin tanta diferencia, entiéndalo—, se ha terminado de golpe y porrazo.

Ahora toca seguir. Y como mejor que yo mismo lo diría el Diego Pablo Simeone: Union Saint-Gilloise.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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