Según la información de Miguel Martín Talavera en El Larguero de la Cadena SER, Julián Álvarez comenzó a plantearse su salida del Atlético ya en el mes de marzo. El delantero habría solicitado entonces una mejora de contrato y la entidad rojiblanca estaba dispuesta a concedérsela, hasta el punto de convertirle en el jugador mejor pagado de la plantilla.

La voluntad del Atlético, sin embargo, no era desprenderse de su estrella. El club entendía que una mejora contractual era la manera de reconocer el rendimiento de un futbolista llamado a ser la referencia del proyecto de Diego Simeone durante los próximos años. Pero, al mismo tiempo, quiso dejar clara una condición en caso de que Julián decidiese marcharse.

Esa condición quedó plasmada por escrito: si el argentino quería abandonar el Metropolitano, tendría que llegar una oferta de 150 millones de euros antes del 20 de junio. Además, según esta información, el pago debía realizarse mediante dinero y no mediante jugadores incluidos en la operación. El mensaje del Atlético era claro: Julián no estaba en venta, pero si el futbolista forzaba su salida, había una vía establecida.

El problema para los rojiblancos es que esa cantidad nunca llegó. El plazo pasó sin que ningún club pusiera sobre la mesa los 150 millones exigidos por el Atlético y, durante un tiempo, la situación parecía haberse enfriado. Sin embargo, posteriormente apareció el Barcelona, primero a través de un intermediario y después mediante una conversación telefónica con Miguel Ángel Gil.

La propuesta azulgrana estaba muy lejos de las pretensiones rojiblancas: 90 millones de euros más otros diez en variables, con el añadido de que el pago se realizaría en seis plazos durante seis años. Una fórmula que, evidentemente, no entraba en los planes del Atlético y que fue descartada prácticamente de inmediato.

La postura del Atlético ha ido endureciéndose a medida que avanzaba el conflicto. Desde el club consideran que Julián Álvarez ha sido perjudicado por su entorno y apuntan directamente a la actuación de su representante, al que atribuyen una conducta poco ética durante todo este proceso.

La entidad rojiblanca también entiende que el Barcelona ha participado en una situación que no considera aceptable. De ahí que, según la información publicada, el Atlético esté dispuesto a ir con todo contra el conjunto azulgrana y defender sus intereses hasta las últimas consecuencias.

Pero existe una diferencia importante entre el conflicto institucional y la relación con el futbolista. El Atlético todavía no da por perdida a La Araña. En el Metropolitano mantienen la esperanza de que el argentino reconsidere su postura y vuelva a centrarse en el proyecto rojiblanco.

De hecho, el contacto entre Julián y el club no se ha roto. El delantero continúa en comunicación directa con los servicios médicos del Atlético para cualquier cuestión que pueda necesitar, mientras la entidad espera que pueda recuperarse completamente y ponerse a disposición de Simeone lo antes posible.

El escenario, por tanto, es mucho más complejo que una simple disputa por un traspaso. El Atlético estaba dispuesto a mejorar el contrato de su estrella y convertirlo en su futbolista mejor pagado, pero también dejó fijado por escrito el precio que debía alcanzar cualquier operación de salida. Los 150 millones nunca llegaron y la oferta del Barcelona quedó muy lejos de esa cifra.

Ahora el Atlético tiene dos frentes abiertos: defender su posición ante el Barcelona y su entorno, pero también intentar recuperar al futbolista. Porque en el fondo de todo este conflicto sigue existiendo una realidad que los rojiblancos no quieren olvidar: Julián Álvarez sigue siendo jugador del Atlético de Madrid y el club todavía espera que vuelva a serlo también a nivel emocional.

Por Javier Astudillo

Estudiante de doble grado de Periodismo+CC Políticas en EEUU. Instagram: xabiastudillo

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