Día Mundial del alzhéimer: la enfermedad que se llevó a Enrique Collar, capitán histórico del Atlético de Madrid

La leyenda rojiblanca falleció el 29 de diciembre de 2025, a los 91 años, después de convivir durante sus últimos años con la enfermedad de Alzheimer.

Enrique Collar fue una de las grandes figuras de la historia del Atlético de Madrid. Jugó 16 temporadas con el equipo rojiblanco, disputó 470 partidos oficiales y marcó 105 goles. Además, fue capitán durante diez años, entre 1960 y 1969, más que ningún otro futbolista en la historia del club. Ganó una Liga, tres Copas y la Recopa de Europa de 1962. El 29 de diciembre de 2025, Collar falleció en Madrid a los 91 años. Durante sus últimos años convivió con la enfermedad de Alzheimer.

Su historia sirve como punto de partida para hablar de una enfermedad que afecta a millones de personas y cuyo abordaje está cambiando. El alzhéimer sigue siendo una enfermedad sin cura, pero hoy se conocen mejor los procesos que la producen y existen herramientas más precisas para detectarla. Además, han llegado tratamientos capaces de modificar su evolución en determinados pacientes.

El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa. Esto significa que las neuronas se van dañando y perdiendo su función de forma progresiva. Es la causa más frecuente de demencia: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), representa aproximadamente entre el 60% y el 70% de los casos. En 2021, unos 57 millones de personas vivían con demencia en todo el mundo.

La enfermedad está relacionada con diferentes cambios en el cerebro. Entre ellos destacan la acumulación anormal de la proteína beta-amiloide y las alteraciones de la proteína tau. Estos procesos terminan dañando las neuronas y sus conexiones.

La enfermedad de Alzheimer no aparece de un día para otro. Los cambios en el cerebro pueden comenzar años antes de que los síntomas sean evidentes. Al principio, uno de los problemas más habituales es la dificultad para recordar información reciente: repetir preguntas, olvidar conversaciones o no recordar algo que acaba de suceder.

No obstante, no afecta solo a la memoria. A medida que avanza, pueden aparecer dificultades para encontrar palabras, mantener una conversación, orientarse, organizar una tarea o tomar decisiones. En fases más avanzadas, la persona puede necesitar ayuda para actividades básicas como vestirse, comer o asearse.

La evolución tampoco es igual en todos los pacientes. La enfermedad puede comenzar de formas diferentes y avanzar a distinta velocidad. Por eso, el diagnóstico requiere valorar los síntomas, la historia clínica y la situación concreta de cada persona.

También es importante diferenciar el alzhéimer de los olvidos habituales asociados a la edad. Tener un despiste puntual no significa tener una enfermedad neurodegenerativa. La señal de alerta aparece cuando los problemas son persistentes, empeoran con el tiempo y empiezan a interferir en la vida cotidiana.

La edad es el principal factor de riesgo para desarrollar demencia, aunque no significa que envejecer implique necesariamente desarrollarla. También existen factores de riesgo relacionados con la salud y el estilo de vida, como la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad o la falta de actividad física. Actuar sobre estos factores forma parte de la estrategia para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Durante años, el diagnóstico del alzhéimer se basó principalmente en los síntomas, la exploración médica y las pruebas cognitivas. Las pruebas de imagen también han ayudado a descartar otras enfermedades y a conocer el estado del cerebro.

Ahora el objetivo es ir un paso más allá: no solo saber si una persona tiene deterioro cognitivo, sino comprobar si existen en su organismo los cambios biológicos característicos de la enfermedad.

Para ello se utilizan los llamados biomarcadores. Son señales que permiten detectar determinados procesos relacionados con la enfermedad.

Uno de los campos que más ha avanzado es el de la imagen molecular. La tomografía por emisión de positrones, conocida como PET, permite utilizar radiofármacos para visualizar procesos concretos que están ocurriendo en el organismo.

En el alzhéimer existen, entre otras, dos exploraciones especialmente relevantes. La PET de amiloide permite detectar depósitos de beta-amiloide en el cerebro. La PET de tau aporta información sobre la presencia y distribución de la proteína tau alterada.

Estas pruebas pueden ser especialmente importantes en pacientes en los que existe una sospecha clínica de alzhéimer y es necesario confirmar la presencia de la enfermedad mediante biomarcadores.

La medicina nuclear adquiere así un papel cada vez más relevante en el diagnóstico y también en el nuevo escenario terapéutico.

La Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM) ha destacado precisamente esta cuestión en su posicionamiento sobre los nuevos tratamientos del alzhéimer. La sociedad señala que la PET de amiloide y la PET de tau son herramientas importantes para mejorar la selección de pacientes ante la llegada de terapias dirigidas contra la enfermedad.

El motivo es sencillo: los nuevos tratamientos no están indicados para cualquier persona con problemas de memoria.

Antes de administrarlos es necesario confirmar que existe patología amiloide y comprobar que el paciente cumple los criterios establecidos para recibir el tratamiento.

Este cambio también afecta al momento en el que se busca diagnosticar la enfermedad. Los nuevos tratamientos están dirigidos a fases tempranas del alzhéimer, cuando todavía existe un margen para intentar ralentizar su evolución. Por eso, detectar y caracterizar la enfermedad cuanto antes adquiere una importancia mayor.

Los análisis de sangre son otra de las vías de investigación que están avanzando. Estos biomarcadores pueden facilitar en el futuro el acceso al diagnóstico y ayudar a identificar a las personas que necesitan pruebas más específicas.

El cambio en el diagnóstico está directamente relacionado con la aparición de nuevos tratamientos. Hasta hace poco, el abordaje farmacológico de la enfermedad de Alzheimer se centraba principalmente en aliviar algunos de sus síntomas.

Los nuevos anticuerpos monoclonales dirigidos contra la beta-amiloide plantean un enfoque diferente: buscan modificar la evolución de la enfermedad, aunque no la curan ni recuperan las capacidades cognitivas que ya se han perdido.

Su utilización está limitada a determinados pacientes y requiere confirmar la presencia de patología amiloide. Además, estos tratamientos tienen posibles efectos adversos y necesitan un seguimiento médico específico.

Por eso, la llegada de estos fármacos no supone únicamente disponer de una nueva opción terapéutica. También exige reforzar todo el circuito asistencial: diagnóstico temprano, confirmación mediante biomarcadores, selección de pacientes, administración del tratamiento y seguimiento.

En ese proceso participan distintas especialidades. Neurología tiene un papel central, pero también intervienen atención primaria, radiología, medicina nuclear y otros profesionales sanitarios. El alzhéimer, por tanto, está entrando en una etapa en la que diagnosticar mejor es también una condición para tratar mejor.

La relación de Enrique Collar con el Atlético de Madrid no terminó cuando dejó el fútbol. Después de 16 temporadas como rojiblanco, siguió vinculado al club a través de la Asociación de Veteranos, de las peñas y de diferentes actos con la afición. También presidió la Fundación Atlético de Madrid entre 2005 y 2011, una etapa en la que participó en las iniciativas sociales, culturales y educativas de la entidad.

El club también quiso reconocer su figura en los últimos años. En noviembre de 2023, con motivo de su 89 cumpleaños, la Unión Internacional de Peñas le rindió un homenaje en el Metropolitano, acompañado por familiares y antiguos compañeros como Adelardo, Mendonça y Ufarte. Aquel mismo curso, Collar fue además la imagen del carné de socio del Atlético de Madrid.

No era la primera vez que la afición rojiblanca le demostraba su cariño. En 1972, dos años después de retirarse, el Vicente Calderón acogió su partido de homenaje ante el Bayern de Múnich. Collar volvió a vestir la camiseta del Atlético durante unos minutos y recibió la insignia de oro y brillantes del club ante una afición que le despidió con una gran ovación.

Collar llegó al Atlético siendo apenas un adolescente y terminó convirtiéndose en uno de los grandes extremos izquierdos de la historia rojiblanca. Fue capitán durante diez años, formó junto a Joaquín Peiró el recordado Ala Infernal y vivió algunos de los primeros grandes éxitos europeos del club. Pero su vínculo con el Atleti fue más allá de los títulos y de los 470 partidos que disputó: siguió formando parte de su historia cuando ya no estaba sobre el césped.

El alzhéimer acompañó sus últimos años, pero no define su trayectoria. Para el Atlético de Madrid, su recuerdo queda ligado a una camiseta, a un brazalete de capitán y a una vida entera vinculada al club.

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