Marcos Llorente vuelve a la selección española en plena madurez, a sus 30 años, y con la tranquilidad de quien ha ordenado sus prioridades. El futbolista del Atlético de Madrid, que acarició la Eurocopa y quedó fuera a última hora, afronta este nuevo ciclo sin cuentas pendientes y con la vista puesta en el Mundial 2026. “Siempre esperas la llamada cuando compites bien en un gran club”, admite, aunque subraya que su felicidad no depende de una convocatoria: “Tengo una vida maravillosa; venga o no, seguiré siendo feliz”.
Esa calma nace de la paternidad y de un estilo de vida que defiende sin complejos. Llorente, a menudo foco de debate por sus hábitos —dieta, ritmos circadianos, exposición al sol o el uso de gafas que filtran luz artificial—, se apoya “en una base científica” y repite que “la salud es más importante que el fútbol”. El madrileño no busca convencer a nadie: “El que lo quiera entender, genial; y el que no, me da exactamente igual”.
Sobre su rol con España, huye de atajos. No reclama explicaciones por ausencias pasadas ni da por hecha su presencia en 2026: “El fútbol da muchas vueltas y queda mucho. Si estoy aquí es porque tengo opciones, pero ya se verá en verano”. Tampoco interpreta la situación de Dani Carvajal como una puerta abierta definitiva: “Puede aparecer otro jugador; esto cambia rápido”.
En el Atlético de Madrid, Llorente vive un momento de continuidad y polivalencia que le ha dado “inteligencia dentro del campo”. Agradece de forma explícita a dos técnicos que marcaron su carrera: Santiago Solari, “por apostar” por él cuando nadie lo hacía, y Diego Pablo Simeone, “porque me ha mejorado en todo” al adaptarle a posiciones que no eran las suyas. Con el Cholo, confiesa, ha vivido “los mejores momentos” de su vida futbolística.
Sin rencores por la Eurocopa perdida ni urgencias mediáticas, Llorente resume su presente: familia, estabilidad y competencia sana. Su objetivo inmediato es sostener el rendimiento con el Atlético para que la puerta de la Roja siga abierta. En un vestuario que mira al corto plazo, el ‘14’ encarna un mensaje simple y poderoso para selección y club: cuidarse, rendir y disfrutar. Si el nivel acompaña, el sueño de estar en el Mundial 2026 llegará por añadidura.

