El FC Barcelona ha dado esta tarde un paso que llevaba horas gestándose en los despachos de la Ciudad Condal. Los servicios jurídicos del club azulgrana han presentado una queja formal ante la UEFA en relación con la actuación arbitral acaecida durante el partido de ida de los cuartos de final de la Champions League disputado este miércoles ante el Atlético de Madrid, que concluyó con derrota culé por 0-2. La reclamación, según detalla el propio club en un comunicado, incluye la solicitud de apertura de una investigación formal, el acceso a las comunicaciones arbitrales del encuentro y, en su caso, el reconocimiento oficial de los errores cometidos junto a la adopción de las medidas que procedan.
La acción del minuto 54, en el centro de la polémica
El núcleo de la reclamación barcelonista se concentra en una acción concreta del minuto 54 del partido. Según el club catalán, una vez que el juego se había reanudado correctamente, un jugador rival habría agarrado el balón con la mano dentro del área «sin que el colegiado señalara el correspondiente penalti». El Barcelona entiende, además, que la no intervención del VAR para corregir la decisión constituye un error de entidad suficiente como para justificar la reclamación ante la UEFA, y así lo ha trasladado a los organismos competentes sin aguardar más tiempo.
No es casual que el club haya decidido hacer pública la queja el mismo día en que Lamine Yamal ya había publicado en Instagram su mensaje de llamada a la remontada. Ambas acciones, la del futbolista y la de los servicios jurídicos, dibujan la misma hoja de ruta: el Barcelona no da la eliminatoria por perdida y combina la presión deportiva con la presión institucional de cara al partido de vuelta en el Metropolitano.
Un agravio que, según el Barça, no es nuevo
Lo más llamativo del comunicado, con todo, no es la reclamación en sí —que entra dentro de los cauces habituales que cualquier club grande puede activar ante la UEFA— sino el párrafo final, en el que la entidad azulgrana va considerablemente más lejos. El Barcelona afirma que «no es la primera vez que, en recientes ediciones de la UEFA Champions League, decisiones arbitrales incomprensibles han perjudicado gravemente al equipo, generando un claro agravio comparativo e impidiendo competir en igualdad de condiciones con otros clubes». Una afirmación de calado que, más allá de su validez jurídica —escasa, a priori, puesto que la UEFA no tiene mecanismo alguno para alterar resultados ya homologados por razones arbitrales—, lanza un mensaje político de primer orden al conjunto del fútbol europeo.

