El Atlético de Madrid volvió a tropezar en uno de esos escenarios donde sacar puntos nunca ha sido sencillo. San Mamés volvió a ser territorio hostil para los de Simeone, que dejaron escapar un partido que durante 45 minutos parecía tener controlado. El encuentro tuvo dos caras completamente opuestas: una primera parte en la que el Atleti dominó, presionó y generó ocasiones, y una segunda en la que dos minutos de desconexión bastaron para echarlo todo por tierra. Parecía que algo estaba cambiando fuera de casa, pero el guion acabó siendo demasiado parecido al de siempre.
El planteamiento inicial fue continuista con lo visto en el Pizjuán. Los once titulares fueron los mismos y el esquema, también. Baena y Kang-In se intercambiaban en la zona de mediapuntas, tal y como hicieron en la jornada anterior, mientras Lookman y Giuliano ocupaban las bandas.
El equipo salió bien, dominador del encuentro, y tuvo la oportunidad de adelantarse nada más comenzar con un remate al palo de Kang-In. En los pocos tramos de posesión del Athletic, la zaga colchonera se mostró segura e impidió que los locales generasen ocasiones claras de peligro. Barrios y Hjulmand dominaban el centro del campo, con una buena presión tras pérdida y con el danés ejerciendo de perro de presa, recuperando prácticamente cualquier balón que pasase cerca de él.
El Atleti tenía ocasiones y no dejaba de generar peligro en la zona de tres cuartos. Todo hacía indicar que, siguiendo ese guion, el partido acabaría cayendo por su propio peso del lado visitante, aunque faltase acierto de cara a puerta. Pero algo cambió. En un escenario tan complicado como San Mamés, el Atlético dominaba gracias a su intensidad. Sin esa intensidad y esa garra salió del vestuario tras el descanso, y sin ellas el Athletic se comió al equipo en apenas un minuto.
Desconexión y varapalo
Los madrileños se durmieron durante dos minutos y los vascos aprovecharon para hacer sangre. Primero llegó la incertidumbre sobre si el balón había salido o no por la banda. Mientras unos protestaban y se quedaban quietos, los otros corrían en busca del gol. Y lo encontraron. Sin tiempo para reaccionar, se sacó de centro con el equipo en estado de shock y, apenas diez segundos después, llegó la sentencia.
Lo que parecía un partido dominado y encaminado a una victoria visitante se convertía de nuevo en la misma pesadilla de siempre. Dos desconexiones, después de unos primeros 45 minutos brillantes, sirvieron para tirar todo por la borda. El Atlético volvió a demostrar que tiene poca mandíbula para encajar golpes cuando juega fuera de casa. Existe la sensación de que hay cierto miedo escénico cuando el escenario se hace grande, como si todo lo bueno que construye el equipo durante el partido pudiera desaparecer de un momento a otro.
Tras los dos goles, el Atlético lo intentó, eso sí, con poco acierto y todavía menos peligro. El Athletic supo jugar con el resultado y los rojiblancos fueron incapaces de recuperar la versión que habían mostrado antes del descanso.
No es momento de quemarlo todo. Son tan solo los primeros compases de la temporada. El equipo juega bien al fútbol y es cuestión de tiempo que los nuevos fichajes terminen de adaptarse y los resultados acompañen. Lo importante es no desviarse del camino.
El año pasado Simeone buscó una propuesta diferente y, tras el primer varapalo en el estreno liguero, decidió modificarla. Esta temporada debe hacer justo lo contrario: mantener lo que está probando. Un equipo vertical, de mediapuntas, capaz de presionar arriba y morder sin balón. La idea parece clara y, durante muchos minutos en San Mamés, al igual que en el Pizjuán, funcionó.
El problema es que este Atlético todavía necesita aprender a competir cuando el partido se tuerce. La gran asignatura pendiente sigue siendo la misma: convertir el buen fútbol en regularidad y, sobre todo, tener la fortaleza mental necesaria para no venirse abajo cuando llega el primer golpe.
Anfield es la siguiente parada. El escenario no podría ser más exigente, pero también será una buena prueba para comprobar si lo ocurrido en San Mamés fue simplemente un accidente o si, una vez más, el Atlético vuelve a tropezar con la misma piedra.

