Un golazo de Berenguer pulveriza y aleja del liderato al Atlético de Madrid

Athletic Club de Bilbao versus Atlético de Madrid, uno de esos partidos en los que no desentonaría en absoluto el color blanco y negro, los campos embarrados de antaño y las camisetas largas —tan sólo podría chirriar de esa estética ochentera que San Mamés se vistiera de catedral luminosa o prácticamente de estadio sede de una semifinal de mundial—. Padre fundador contra hijo pródigo, algo así. E incluso más matemáticamente interesante y delicioso el encuentro sabiendo que ambos equipos rojiblancos acudían al partido tras perder, en cada caso, contra Real Madrid y Barcelona durante la pasada jornada de liga.

Empezó pícaro el Athletic Club, encendidos quizá por la explosión de decibelios que desde el pitido inicial les regaló su afición. Sancet tuvo un remate de cabeza en carrera antes del minuto cinco y, con Oblak vencido, mandó la pelota ligeramente desviada tras apuntar la mirilla al segundo palo. Aunque el Atleti no tardó en enraizar un poco su juego y ganar galones y algo de seguridad, el Athletic Club parecía tener los colmillos más largos y, sobre todo, más ganas de morder mientras la defensa de la escuadra madrileña se descomponía y no podía sino tratar de defenderse a paso cambiado y como buenamente podía.

La primera oportunidad con petróleo de los de Simeone la tuvo Almada de volea tras un pase sensacional de Julián Álvarez, pero Unai Simón hizo una parada de dibujos animados con la bota para evitar el primer tanto visitante en un partido que rápidamente se vio transformado en una clara autopista de ida y vuelta, con constantes llegadas y finalizaciones de uno y otro equipo.

La peor de las noticias llegó, para el Athletic Club de Bilbao, en una acción en la que Laporte defendió una incursión de Nahuel Molina y terminó lesionándose cuando su pierna se le quedó clavada violentamente en el césped. Los gritos y alaridos de dolor fueron casi instantáneos y el central francés se vio obligado a abandonar el terreno de juego.

El ritmo se fue apaciguando según la primera parte iba poco a poco agotándose, pues lo que antes parecía estar al borde de convertirse en un partido cargado de acciones de peligro terminó revestido de partida de ajedrez con té de por medio. Julián la tuvo cerca de verse cumplidos los cuarenta cuando introdujo la puntera y puso fin a una larga jugada de ataque posicional, pero el balón se marchó lamiendo el poste. De nuevo lo intentó el Atlético a la contra, corriendo Giuliano y descargando sobre Nico González pero el centro se pasó de frenada. El Atleti tenía claro que sólo podía penetrar en el férreo fortín bilbaíno a través de un juego aéreo bien acompasado, pero le faltó precisamente eso: medir bien los tiempos.

Caída ya definitivamente la noche ennegrecida y fría de Bilbao, se reanudó el partido en pleno fervor enloquecido, con la posesión incapaz de recalar demasiado tiempo en las botas de uno u otro conjunto aunque el Atlético de Madrid estuvo ligeramente más cómodo y agresivo con la pelota en los pies, tirando en todo momento de juego vertical escorado a las bandas. Aunque el gol no llegaba, ni por una parte ni por la otra. Pero Nico fue mucho Nico y la defensa del Atlético comenzó a hacer aguas ante las continuas estocadas y embestidas de los hoy vestidos de rojiblancos, que querían ser los primeros en abrir un marcador que parecía inamovible.

Para meter aceite en defensa Simeone pensó en Ruggeri y retiró a Lenglet; para intentar encontrar gol, introdujo a Sorloth —quizá pensando que meter al tipo con más altura del equipo sería buena idea dado que los suyos no paraban de apostar por el juego de bandas y por balones aéreos— y por Griezmann —ahora rapado al cero— en sustitución de Almada y Julián Álvarez, que no firmó, sin duda, uno de sus mejores partidos con la elástica rojiblanca. Gastando la tercera y última ventana de cambios, el técnico argentino sacó a Nico para dar entrada a Giacomo Raspadori.

No fue el día de ninguno de los dos equipos de cara a puerta, con sus rematadores bastante desacertados y el resultado gafas solidificándose como única posibilidad soluble. Aunque, como suele suceder en estos casos, el cero a cero es tan sólo una ligera ilusión óptica, capaz de desvanecerse y regalar los tres puntos a uno u otro equipo por un ligero detalle de esos que deciden los partidos. Y el detallista fue Berenguer. En una jugada en la que Sorloth estuvo a punto de encasillar el 0-1 de cabeza —detuvo Unai Simón—, Nico agotó la gasolina de la recámara, se dejó la vida en el sprint, regaló un balón endulzado y en llamas a Berenguer —que no dudó en apuñalar con el interior, venciendo por la cadencia, el efecto y la trayectoria que finalmente adoptó la pelota a Jan Oblak—, puso al desnudo al Atlético de Madrid y alejó a los de Simeone aún más del liderato tras la derrota de la pasada jornada en Barcelona.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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