Al Atlético de Madrid se le sigue atragantando la Champions y sale escaldado de Londres

Pisaba fuerte el Atlético de Madrid el estadio del Arsenal, vestido de noche eléctrica y con ganas de resarcirse de su última visita a Inglaterra, en la que estuvo a punto de lograr otro milagro en Liverpool para repetir el último partido prepandemia. Esta vez el destino quiso que Simeone y los suyos recalasen en Londres para enfrentarse a Mikel Arteta y a su ejército, que cuenta con nuevo ariete: el temible Gyökeres. Pero el pisotón fue solo de presencia, un acto más estético que futbolístico. Ya en los primeros minutos, con un Arsenal que hizo valer sus galones como local, el Atlético no pudo sino apretar fuerte la mandíbula y quedar relegado a una posición más defensiva y rezagada en los metros más cercanos a la portería de Jan Oblak, que vio cómo un balón peligrosísimo se estrellaba contra el poste en los primeros compases vitales del encuentro. El corazón del atlético promedio empezaba ya a sufrir varias sacudidas y a encogerse hasta caber en un puño.

El Atlético de Madrid, despistado en defensa, encerrado en su propia área, tan sólo pudo ver venir las incursiones tóxicas de un Arsenal que parecía tener veneno en cada acción y que impidió que el Atlético de Madrid atesorara la posesión de balón, quedando sus oportunidades relegadas a pases largos dirigidos a Sorloth y estrategias de tiralíneas para que Llorente y Giuliano corrieran la banda diestra del verde inglés. Salvo una acción en la que David Raya tuvo que frenar al Cholito, saliendo hasta la línea de banda, y que Julián estuvo a punto de convertir a puerta vacía, el Atlético de Madrid no encontró buena química en su medio campo como para construir demasiado peligro que inquietara a la turba londinense.

El Arsenal siguió ejerciendo su asfixia ofensiva habitual y el Atlético de Madrid, aunque poco a poco parecía menos amedrentado, no logró descifrar el código de la defensa rival, ni mucho menos supuso un peligro certero o real para el Arsenal de Arteta. En pocas palabras, los de Simeone fueron más un insecto revoloteando en búsqueda de su objetivo que un ave rapaz que de verdad intimidase o pareciera tener posibilidades reales de causar daño a su rival; pero, a su vez, tampoco se dejó doblegar ni aplastar del todo por la rueda del conjunto inglés.

Sin movimientos ni cambios, con los mismos once jugadores que comenzaron el partido, se reanudó la acción para dar comienzo a la segunda parte. Aunque el cambio fue más bien anímico, pues el Atlético de Madrid salió mucho más vertical, al menos sobre el papel y en apariencia. Y en cuestión de vibraciones, porque Julián estuvo a punto de marcar el gol no sólo de toda la jornada, sino de toda la edición de la Champions, cuando imprimió una estampa de cuadro renacentista, pegó desde fuera del área y el balón, que impactó en la cruceta cuando había superado ya de sobra a Raya, provocó un terremoto en el estadio londinense.

Pero como el fútbol a veces sí se pone el traje de juez justo, y como el Arsenal sí fue ligeramente superior en la primera parte, el gol cayó de su lado. En una acción aérea que pilló desprevenida y con la sartén en el fuego a la defensa del Atlético, Gabriel peinó, vio y superó a Jan Oblak con facilidad en una jugada en la que el esloveno no pudo meter el guante de santo al que nos acostumbra.

El Atlético despertó brevemente con el gol, buscando venganza y revolverse, quitarse peso de encima, pero entonces Martinelli terminó por rematar la faena en una jugada que dejó en evidencia a la defensa de los de Simeone, que fue totalmente incapaz de quitarse el peligro de encima.

Y entonces, apareció el torbellino, la catástrofe, el naufragio definitivo, con la guindilla agria de que fueron los cambios, Gallagher y Ruggeri, parcialmente o casi totalmente responsables del bajón futbolístico que permitió la masacre directa o indirectamente. Primero, fue Gyökeres con algo de suerte; de nuevo, apareció Gyökeres para el cuarto, en un suspiro, metiendo la cabeza para terminar por materializar la pesadilla en el verde. Tan sólo quedaba rezar para que no cayera el quinto.

La cara de Simeone, el rostro de un hombre derrotado y que evidentemente no ha alineado hoy sus mejores cartas en cuestión de estrategia, lo terminó por explicar todo. Fue una derrota más relacionada con la cabeza y el corazón que una que tuviera que ver con lo futbolístico.

El Atleti sigue así con su mala senda en la Champions, con dos derrotas y solo una victoria ante el Leverkusen en casa, y demuestra cómo se deshilacha con una facilidad pasmosa en cuanto se enfrenta, sobre todo fuera de casa, a un equipo que le propone, que le intimida, que es ofensivo, penetrante, incisivo y que está cargado de un fútbol posicional, rápido y vertical que lo deja, sencillamente, desorientado y, lo que es peor, hueco de ideas y falto de alma.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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