Sorloth aporrea al Oviedo

Sin Giménez, Giuliano, Barrios y, sobre todo, sin Julián Álvarez. Y con dos nombres propios: Oblak, regresando a la titularidad, y Marc Pubill, recibiendo la medalla al mérito en forma de presencia en el once inicial por sus más que sólidos minutos ante el Inter de Milán Así decidió Diego Pablo Simeone salir al ruedo frente al Real Oviedo en el Metropolitano, en un encuentro que tuvo más de ceremonial —la vuelta del Real Oviedo al Metropolitano tras su larga estadía en las categorías inferiores del fútbol español, el sexto premio Zamora de Jan Oblak— que de futbolístico.

El partido amaneció bronco y, sin duda, muy físico, con el equipo asturiano decidido a frenar las primeras embestidas de un Atlético de Madrid que le quitó la correa a su pitbull Gallagher. Desatado, el medio inglés quiso abrirse paso a la fuerza, aunque chocó con la barrera doble que el Real Oviedo no tardó en desplegar.

Los de Simeone comenzaron a ejercer presión sobre el Oviedo en los primeros minutos del partido, apoyándose en Nico, Griezmann, Baena y de nuevo en Connor para crear juego vistoso, desenroscarle los tornillos a los azules y desarmar al equipo de Carrión, bien plantado en defensa aunque las continuas incursiones bárbaras de los de Simeone hacían indicar que la balanza no tardaría en ir decantándose a favor de los locales. 

Y así fue, pues en una jugada lateral en la que Baena aguantó la postura hasta la inesperada e imperial subida de David Hancko, Sorloth la tuvo acaramelada con el pase de la muerte. Apareció el noruego, metió la bota, empujó la pelota con soltura y prolongó el impecable estado de forma que ha alcanzado su equipo en las últimas semanas que, salvo evidentes deslices contados con los dedos de una mano, parece estar ya a años luz de ese Atleti equívoco, errático e inestable de los primeros partidos de la temporada 2025/26.

Aunque sin que hubiera tiempo de celebrar el primero, Sorloth ya andaba anotando el segundo cuando recibió un centro impreciso en el área y meneó la pierna en forma de latigazo eléctrico para acrecentar la ventaja y hundir más en el fango a un Real Oviedo que no está encajando su mejor temporada tras su triunfal regreso a primera división.

El Real Oviedo acompasó mejores minutos tras recibir el segundo tanto, que sin duda despertó del letargo al equipo oviedista, aunque no fue suficiente para agujerear la portería de Jan Oblak —ni tan siquiera para acercarse a ello—.

Así comenzó la segunda mitad para el Atlético, con la calma chicha de quien se ve rotundamente favorecido por el resultado y puede empezar a maquinar los tiempos, barajar las cartas, buscar revulsivos para dosificar minutos y cansancios, etcétera —Baena salió para dejar su lugar en el campo a Giuliano—. Tanto se relajó el Atlético de Madrid que varias incursiones del Oviedo protagonizadas por antonomasia por Santi Cazorla colocaron al Atlético de Madrid entre la espada y su portería, con una gran masa de aficionados azules celebrando la tenacidad que su equipo adquirió en el intermedio y haciendo sentir a los de Simeone extranjeros en su propio estadio.

Los rojiblancos perdieron confianza en sí mismos, la incertidumbre se apoderó de su psique y los tembleques a la hora de salir con el balón controlado comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes en cuanto que encontrar líneas de pases claras y evidentes empezó a ser tarea de alto voltaje gracias a que el Oviedo bloqueó todas las posibilidades ofensivas y de combinación del Atleti.

Alrededor del minuto sesenta Cazorla dispuso de una ocasión de oro para abrir el marcador en favor de los suyos, aunque su volea salió algo mordida y con un efecto parcialmente desviado que no impresionó a Jan Oblak, quien detuvo con la mirada.

Simeone, tenso por ver a su equipo exasperado y sobrepasado por un Oviedo que empezó a subírsele a las barbas, introdujo carne fresca en forma de Julián y Barrios buscando que los suyos se tranquilizaran y rescatasen el juego incisivo que valió los dos goles del primer tiempo. Julián y Barrios no tardaron en menear el árbol de la posesión y bascular con fuerza hacia la banda derecha comandada desde la reanudación del juego por Giuliano Simeone.

Así, el Atlético de Madrid aletargó el partido, adormeció la maquinaria y, contento con los dos goles que le favorecían, se fue a casa con una sonrisa de oreja a oreja, no sólo por los tres puntos sino por haber hecho historia como único equipo en la historia de la liga que se adelanta en los 14 primeros encuentros de la competición doméstica.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *