Comenzaba la ida de las semifinales de la Champions League entre Atlético de Madrid con la afición local llenando de rollos de papel higiénico la práctica totalidad de las gradas del Estadio Metropolitano, respondiendo a la llamada que el Fondo Sur había hecho en esa dirección, en la que pedía a los asistentes animar al equipo antes siquiera del pitido inicial del colegiado para contrarrestar los fantasmas de Sevilla y disputar en total libertad una nueva semifinal de la Copa de Europa, la primera en diez temporadas.
En lo que a fútbol se refiere, el guion de partido fue sin duda el esperado: un Arsenal conservador, metido en los engranajes traseros del sistema de Arteta y esperando, agazapado, a su oportunidad a la contra, o a que el Atlético de Madrid le hiciera entrega del control casi pleno de la posesión. Sucedió lo segundo, y los de Londres propusieron en los primeros compases del encuentro una presión eficaz y asfixiante en fase defensiva y posesiones lentas, apaciguadas pero a su vez verticales y extremadamente agresivas, en cuanto a la fase ofensiva se refiere.
Aunque el Atlético de Madrid supo esperar su momento, y no temió en sufrir y aguantar las continuas embestidas de los visitantes hasta encontrar sus posibilidades. La primera con cierto peligro la tuvo en sus botas Julián Álvarez, que estaba cuajando un partido excelso y valiente, antes del minuto 15, cuando recogió cerca de la medialuna una pelota que a sus compañeros les había costado horrores conducir hasta ese punto, y disparó desde fuera del área con un latigazo con evidente intención de colarse por la esquina inferior del segundo palo, pero un velocísimo David Raya blocó a saque de esquina.
El Arsenal, que también había tenido las suyas con Madueke y Martinelli dominando un juego sobre todo destinado a las bandas a pesar de la ausencia de su estrella Havertz, no paraba de buscar a Gyökeres, en vista de que una sola acción suya pudiera ir decantando la balanza de la eliminatoria en beneficio de los ingleses.
La posesión fue paulatinamente recayendo más y más sobre los de Arteta al término del primer tiempo, y los visitantes prosiguieron apostándolo todo a la misma mano de cartas: un juego muy abierto, tejido a base de balones altos y de pases largos al hueco. El más peligroso de todos ellos, un balón que atrapó Gyökeres con petróleo dentro del área, que desembocó en una entrada a destiempo de Hancko que el colegiado interpretó como penalti y en la que no cupo la intervención del VAR. El astro sueco terminó poniendo a los suyos por delante en el electrónico desde los once metros con un chut seco y esquinado al palo zurdo, al que Jan Oblak, pese a haber adivinado el lado al que se dirigía el lanzamiento, no pudo llegar para desviar el que era el primer tiro a portería del Arsenal en la primera parte.
Se adelantaban los londinenses y al Atlético de Madrid le tocaba remar contracorriente y en plena tormenta, con el objetivo de tratar de no afrontar el partido de vuelta Londres con una renta de goles negativa.
El Atlético de Madrid agrietó al Arsenal en la segunda mitad
Y con esa intención revanchista y con ganas de darle la vuelta a la tortilla salió el Atleti como una exhalación a disputar la segunda parte, que cambió radicalmente la narrativa de lo que había estado siendo el partido hasta el momento. El primer flechazo trató de clavárselo Légolas Julián de tiro libre, pero aunque el efecto óptico simuló que el balón se había colado al fondo de las mallas, el balón realmente había salido lamiendo el lateral exterior de la red. El propio Julián terminó siendo el brazo ejecutor del primer gol rojiblanco, cuando ejecutó a la perfección y con una velocidad astronómica un penalti no visto en directo por el árbitro a pie de campo pero que el VAR consideró claro y evidente por mano en posición antinatural de un defensor del Arsenal.
Y tras el gol el Atlético de Madrid, como tiburón antes de devorar a su presa, olisqueó la sangre de los de Londres e imprimió un par de marchas más a su juego con Julián y Griezmann como piedras preciosas que capitanearon a los suyos hacia el área rival, consciente de que si seguía presionando con tanto fervor y de una forma tan flamígera terminaría marcando otro tanto que le permitiría ir amansando la eliminatoria antes de su visita a Inglaterra. La tuvo con mucha claridad Griezmann para el 2-1, que venciéndose al suelo le dio con sequedad a la cruceta tras propiciarle al esférico un efecto imposible, y posteriormente Lookman tras una jugada asociativa y a la contra de todo el equipo, pero el futbolista africano se decantó por el primer palo y Raya, que adivinó sus intenciones, bloqueó la trayectoria del disparo del extremo.
La polémica siguió servida en bandeja de plata cuando el árbitro sentenció el tercer penalti del encuentro —y el segundo de David Hancko— tras apreciar un muy ligero pisotón del eslovaco que después el videoarbitraje terminó corrigiendo y anulando para tranquilidad de los aficionados rojiblancos. 1-1 terminó el duelo de penaltis y el destino, inmejorable para el Arsenal y ligeramente agrio para el Atlético de Madrid, finalmente elegirá a uno de sus finalistas de la Champions en Londres.

