El Atlético volvió a quedarse a las puertas de la gloria en una final marcada por la contundencia del Barcelona y el orgullo rojiblanco hasta el final. Las de José Herrera intentaron resistir el dominio azulgrana, pero el zarpazo de Claudia Pina y los goles de Brugts y Salma terminaron decidiendo una Copa de la Reina que volvió a teñirse de blaugrana. Boe Risa, con un golazo en la segunda mitad, dio algo de esperanza a un equipo colchonero que nunca dejó de pelear pese al golpe recibido antes del descanso.
Orgullo sin premio en Gran Canaria
El Atlético salió al césped del Estadio de Gran Canaria con la intención de competir de tú a tú ante el gran dominador del fútbol español, pero el Barcelona volvió a demostrar por qué sigue reinando. Las rojiblancas aguantaron el primer intercambio de golpes con personalidad, incluso amenazando a la espalda de la defensa culé con las carreras de Jensen y Amaiur, pero el conjunto azulgrana encontró demasiado pronto a su futbolista diferencial.
Claudia Pina avisó varias veces antes de encontrar el premio. Primero con un disparo alto y después con una de esas acciones marca de la casa: control desde el perfil izquierdo, conducción hacia dentro y derechazo buscando el palo largo. Lola Gallardo respondió entonces con una gran intervención que mantuvo vivo al Atlético durante unos minutos de resistencia y fe.

Las de José Herrera intentaban sobrevivir juntas, compactas y solidarias, mientras el Barça monopolizaba la posesión. Patri Guijarro, Alexia y Vicky movían el balón con paciencia hasta terminar encontrando el espacio. En el minuto 23, la atacante catalana soltó un disparo con efecto imposible para abrir el marcador y empezar a inclinar la final.
Un castigo excesivo antes del descanso
El Atlético acusó el golpe y el Barcelona aprovechó el momento. Brugts amplió distancias con un cabezazo tras centro de Vicky y, apenas unos minutos después, Salma Paralluelo castigó un error dentro del área para colocar el tercero antes del descanso.
El marcador dolía demasiado para lo visto sobre el césped, pero las rojiblancas apenas pudieron respirar ante el asedio culé. Aun así, el equipo no dejó de competir y encontró en el vestuario el impulso necesario para cambiar la imagen tras el descanso.
Fiamma probó fortuna nada más arrancar la segunda parte y el Atlético empezó a jugar con más valentía. La recompensa llegó gracias a Boe Risa. La noruega cazó un balón lejano y soltó un misil imparable que se coló en la portería de Cata Coll para desatar el orgullo rojiblanco en Gran Canaria.
Corazón rojiblanco hasta el final
El gol devolvió algo de energía a un Atlético que, por momentos, logró incomodar al Barcelona. Sin embargo, el conjunto azulgrana supo bajar el ritmo del partido y controlar la ventaja sin sufrir en exceso. Las rojiblancas lo intentaron más con corazón que con claridad, conscientes de que la final se había escapado en una primera mitad demasiado dura.
Pese a la derrota, el Atlético volvió a demostrar carácter competitivo y el apoyo incondicional de una afición que nunca dejó de creer. No hubo título esta vez, pero sí orgullo, resistencia y la sensación de que este equipo seguirá peleando para volver a intentarlo.

