Griezmann: «No debe pasar lo de la final de Copa que estuvimos como espectadores en los primeros segundos»

El Atlético de Madrid llega a un nuevo examen europeo con una lección aprendida a base de golpes y Griezmann lo sabe. El equipo rojiblanco ha demostrado durante la temporada que tiene capacidad para competir contra cualquiera, pero también ha dejado una grieta evidente: su fragilidad en los primeros minutos. Un detalle que, en el máximo nivel, se paga demasiado caro.

Antoine Griezmann lo resumió con claridad tras el último encuentro: “Me quedo con el segundo tiempo en el que jugamos con otra intensidad. Eso nos generó muchas ocasiones, hay que seguir como en el segundo tiempo, tener esa imagen cada uno para salir desde el primer segundo a por el partido. El equipo está muy preparado”. El mensaje no es casual. Es una advertencia directa a lo que el propio equipo ha sufrido en varias ocasiones a lo largo del curso.

El recuerdo más reciente sigue muy presente. “No debe pasar lo de la final de Copa que estuvimos como espectadores en los primeros segundos. No podemos repetirlo, veo muy bien al equipo, mentalizado en hacer algo histórico y vamos a por ello”, insistió el francés. Aquella final de la Copa del Rey dejó una marca clara: un inicio desconectado que condicionó todo el partido y terminó pesando incluso más allá de los 90 minutos.

Pero no ha sido un caso aislado. A lo largo de la temporada, el Atlético ha tropezado varias veces con la misma piedra. En la Supercopa de España, un arranque frío permitió adelantarse pronto al rival, en un partido que terminó costando la eliminación. En la propia Champions League, también vivió momentos de desconexión inicial que pusieron en riesgo la eliminatoria, obligando al equipo a remar a contracorriente.

Es como si el equipo necesitara un golpe para activarse. Como si el motor tardara en arrancar en noches donde no hay margen para errores. Y ese es, precisamente, el gran reto: convertir la reacción en punto de partida, no en solución de emergencia.

Porque cuando el Atlético entra en ritmo, compite. Lo ha demostrado en segundas partes de alto nivel, en tramos donde la intensidad, la presión y la ambición cambian por completo el guion del partido. Pero el fútbol de élite no permite elegir cuándo empezar a jugar. Obliga a hacerlo desde el primer segundo.

Ahora, con otro escenario decisivo por delante, el equipo tiene la oportunidad de demostrar que ha aprendido. No desde el discurso, sino desde el césped. Dejar atrás los despistes, salir conectado y evitar que la historia vuelva a repetirse.

Por Javier Astudillo

Estudiante de doble grado de Periodismo+CC Políticas en EEUU. Instagram: xabiastudillo

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