Griezmann: «Ganar la Champions cicatrizaría algo muy profundo»

Hay heridas que el tiempo no cierra del todo. Antoine Griezmann lo sabe mejor que nadie, y este lunes, a horas de disputar la ida de las semifinales de la Champions League ante el Arsenal en lo que será su último partido europeo en el Metropolitano, el Principito abrió su corazón y se permitió revisitar uno de los momentos más dolorosos de su carrera con el Atlético de Madrid: el penalti que lanzó por encima del larguero ante Keylor Navas en el minuto 48 de la final de Milán en 2016, con el marcador a favor del Real Madrid gracias al gol de Sergio Ramos y la Copa de Europa al alcance de la mano. Yannick Carrasco empató más tarde para forzar la prórroga, pero no fue suficiente. La Orejona se escapó aquella noche, como se había escapado dos años antes en Lisboa, y ese recuerdo sigue ahí, cada vez que el nombre de la Champions aparece en una conversación.

«La única forma de superarlo sería ganarla este año»

Griezmann no escondió que el episodio de Milán ocupa un lugar especial en esa zona de la memoria que uno preferiría no visitar demasiado a menudo. «No es algo en lo que piense todos los días, pero cada vez que hablamos de la Champions con amigos o compañeros de equipo, siempre sale a relucir ese momento, el de 2016, el penalti», reconoció el francés con la honestidad que le caracteriza cuando baja la guardia ante los medios. Y luego, sin artificios, fue directo al núcleo de lo que siente: «Cicatrizaría una herida muy profunda. La única forma de superarlo sería ganarla este año».

Pocas veces un futbolista en el tramo final de su etapa en un club resume con tanta claridad lo que está en juego. Griezmann no habla de estadísticas ni de legados ni de reconocimientos: habla de cerrar una herida. Y esa sinceridad, viniendo del máximo goleador de la historia del Atlético de Madrid, tiene un peso específico que va más allá de cualquier análisis deportivo.

El Principito también dedicó parte de su comparecencia a hablar de Diego Pablo Simeone, el hombre que le transformó como futbolista y que, con el paso de los años, se ha convertido en algo más que un entrenador. «Creo que, en definitiva, él me lo ha dado todo y yo se lo he dado todo a él. Disfruto y he disfrutado teniéndolo a mi lado. Sé que, más allá de mi carrera, tendré en él a un amigo, a un antiguo entrenador, y que siempre estaremos muy unidos», afirmó, completando así el retrato de una relación que ha sido, en buena medida, el eje sobre el que ha girado la era más gloriosa del club colchonero en las últimas décadas.

Los números del adiós de Griezmann

En lo estrictamente deportivo, Griezmann llega a esta recta final de temporada en un estado de forma que desmiente cualquier teoría sobre un futbolista en declive. 14 goles y 5 asistencias en lo que va de curso avalan a un jugador que, a sus 35 años, sigue siendo determinante cuando el Atleti más lo necesita. No es casual que él mismo reconozca que se siente más cómodo en el rol de generador que en el de finalizador: «Prefiero dar una buena asistencia antes que quedarme solo ante el portero. Soy más bien un jugador de uno o dos toques, no muy llamativo, pero intento crear espacios para mis compañeros y sorprender al rival. Eso es lo que ocurrió contra el Tottenham», explicó, con esa modestia característica que convive, paradójicamente, con la ambición de quien sabe que tiene una última oportunidad de hacer historia.

El miércoles, en el Metropolitano, ante el Arsenal, arranca ese último baile europeo. La herida de Milán sigue abierta. Y Griezmann tiene noventa minutos en su haber para empezar a cerrarla.

Por Raúl R. Méndez

Fue en un diminuto instante: yo no quería, pero al salir por las puertas del Vicente Calderón escuchando el himno del Atlético de Madrid supe que no había nada en la Tierra que se pareciera más al Cielo. Aquí te suelo traer la crónica de los partidos de nuestro Atleti.

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